16 abril, 2019

Teoría de los Dharmas en el Budismo

Por Fernando Tola y Carmen Dragonetti

La posición del Budhismo es netamente antropocéntrica, en cuanto que es el hombre y su salvación (la liberación del ciclo de las reencarnaciones y la nirvanización) lo que mayormente le interesan. Por tal razón la doctrina de los dharmas es expuesta predominantemente en relación al hombre y desde este punto de vista puede parecer un enfoque parcial o parcializado. Pero se puede hacer extensivo a los otros seres, como los dioses, o a la realidad material los principios relativos al hombre que conforman esa doctrina.

Así, por ejemplo, el análisis del ser humano puede ser aplicado a los dioses y el análisis del elemento corporal del hombre a la materia en general. La teoría de los dharmas se convierte en esa forma en un principio de explicación de la realidad empírica en su integridad.

Valor del término dharma en el Sûtrapitaka [2].
El comentador Buddhaghosa (siglo V d.C.) consignaba los siguientes valores para el término dharma:

1. Guna: “cualidad, disposición natural, virtud”.
2. Desanâ: “enseñanza, prédica”.
3. Hete: “causa”.
4. Pariyatti: “texto sagrado, canónico”.
5. Nisatta (=nijjîva): “inanimado, cosa, objeto”.



Portón realizado en madera perteneciente a un antiguo
monasterio budista del s. XVI emplazado en
Katmandú (Nepal). En el tallado pueden
observarse las imágenes de Buda y la Rueda del
Dharma.



Magdalena y Wilhem Geiger en su importante trabajo filológico sobre el término pâli dhamma clasifican detalladamente los diferentes sentidos con que aparece el indicado término en el Canon Budista pâli. Utilizando dicho estudio señalamos a continuación los significados más importantes de la palabra dharma con el fin de que se vea la variedad y heterogeneidad de los mismos:

1. “Ley”, “derecho”, “norma”.

I. Ley: ley natural de la necesaria destrucción del cuerpo; ley del eterno nacer y perecer; ley de la causalidad que rige el surgimiento de las cosas y seres (pratîyasamutpâda); ley del proceso salvífico sometido a un progreso regular y gradual. Derecho como base de la autoridad del rey y como objeto de su protección. Justicia como especial atributo del rey.
II. Normas, ordenamientos, prescripciones, reglas de los diferentes estados, castas y clases sociales y en especial las que rigen la conducta del monje budista; deberes de los mismos; acción y conducta adecuada a normas.
III. Precepto, prescripción que rige en general para todos los hombres; la buena costumbre; la ley moral y la costumbre adecuada a ella: lo permitido, lo justo, lo bueno: rectitud, piedad, virtud.
IV. Uso, práctica, costumbre; modo de ser y de conducirse, naturaleza, carácter.

2. “Razón”, “fundamento correcto”, “bueno”.

3. “Enseñanza”. Doctrina, sistema doctrinario, especialmente de Buda, pero también de otros maestros. La enseñanza formulada en el Canon Budista, el Canon mismo, el conjunto de los textos canónicos.

4. “Verdad”.

5. “Objetos en sentido amplísimo”.

I. Los objetos propios del sentido de la mente (manas) es decir las imágenes que la mente se forma de las manifestaciones del mundo exterior.
II. En plural, las cosas empíricas que constituyen el mundo, el mundo mismo; en singular una cosa individual. III. Cosas concretas como una limosna, un hecho, un asiento.

6. “El objeto de cualquier actividad intelectual”, como por ejemplo la conclusión a la que se pretende llegar mediante una reflexión.

7. “Caso”. Caso legal; falta; culpa.

8. Cualidad; facultad; signo característico; virtudes como veracidad, castidad, constancia, autocontrol, fe, modestia, energía, etc.

9. Estado, situación, relación, como vejez, enfermedad, hambre, temor, edad, felicidad, fuerza, éxito, fracaso, gloria, deshonor, etc.

10. Funciones psíquicas como sensación, percepción, reflexión, razón, conciencia, concentración, percepción sensorial, etc.

11. Las etapas del perfeccionamiento espiritual, el estado de iluminación, el nirvâna.

Como puede verse por la enumeración que antecede, el término dharma designa realidades de naturaleza sumamente heterogénea que se relacionan principalmente con el hombre; abarca desde el nirvâna, lo Absoluto budista, la meta suprema del esfuerzo de los discípulos de Buda (aunque sus características difieren de aquellas de los otros dharmas), hasta cosas, objetos individuales, concretos y materiales.

En relación a lo anterior, teniendo en cuenta el gran número de realidades a las cuales se aplica el término dharma, se podría decir que evidentemente en el Budismo primitivo predominaba la tendencia a utilizar dicho término para designar todas las “cosas” existentes, tomando “cosa” en un sentido amplísimo.

Notas:

[1]Teoría de los Dharmas en el Budismo: De La posición antropocéntrica del Budismo y la teoría de los dharmas, en Yoga y mística de la India, Fernando Tola y Carmen Dragonetti, Ed.Kier, 1978.

[2]Colección de discursos doctrinarios que contienen no sólo el pensamiento sino la palabra misma del Buda.

Fuente:
Revista KONVERGENCIAS, Filosofías de la India, Nº 6.

21 diciembre, 2018

Epistemología Budista: Tres Formas de concebir el Mundo

Por Fernando Tola y Carmen Dragonetti

1. Concepción realista del Budismo en sus primeras etapas. En su primer período, desde la sexta centuria a.C. hasta el comienzo de la era cristiana, el Budismo mantuvo solamente una posición realista abierta, un naïve realism (1)
El mundo es real, existe independientemente del hombre quien lo toma con sus órganos sensoriales y quien lo piensa con su mente. Pero en el mundo en su totalidad, sometido a la ley de la causalidad, en el cual cada cosa es un efecto, producto de la conjunción de la multiplicidad de causas y condiciones determinantes, no hay nada substancial, nada que existe in se per se, o nada que exista svabhāvena, por ejemplo, lo que tiene su propio ser que le pertenece a sí mismo y que depende de sí mismo.

Corolarios de esta fundamental concepción no-substancial del Budismo son, por un lado, la no-existencia de Dios, y la no-existencia de un alma en el hombre, por el otro.

Una transformación de la temprana concepción budista de la realidad se produce alrededor del comienzo de la era cristiana, porque la evolución de las antiguas concepciones: la existencia de un mundo externo, la capacidad de nuestros órganos sensoriales y nuestra razón para percibir la naturaleza, comienzan a ponerse en duda. Entonces se constituyen dos grandes escuelas filosóficas: la Escuela Mādhyamika y la Escuela Yogācāra, las que marcan nuevas tendencias en las principales manifestaciones de la filosofía budista.

2. La Vaciedad (Sūnyatā). Concepción “condicionalista” en la Escuela Mādhyamika. La Escuela

Mādhyamika, fundada por el gran filósofo budista indio Nāgārjuna (circa 150 d.C.), construye su peculiar noción de Vaciedad sobre el principio de la Causalidad, mantenido por el Budismo desde su comienzo. La palabra “vaciedad” (Sūnyatā en sánscrito, Stoṇ.pa en tibetano, k’ung en chino, Kū en japonés) significa que las cosas son condicionadas, dependen de causas, carecen de ser propio, o en términos occidentales no existen in se per se, son insubstanciales.

La teoría de la Vaciedad reafirma este principio budista básico, ubicado en el centro del sistema de Nāgārjuna. Pero la teoría de la Vaciedad ofrece también una nueva noción de la existencia que aglutina las dos formas de existencia mantenidas por la concepción realista del Budismo en sus primeras etapas, y por la concepción idealista de la Escuela Yogācāra, posterior al desarrollo de la Escuela Mādhyamika.




De acuerdo a la Escuela de Nāgārjuna, las cosas se presentan ante nosotros en la experiencia cotidiana como compactas, continuas, unitarias, y reciben un nombre único. El estudio de la realidad nos revela que las cosas en verdad están constituidas por partes. Pero estar constituido por partes es un aspecto de la insubstancialidad que caracteriza a todo, puesto que las partes pueden ser consideradas como “causa” de la existencia de cada cosa. La cuerda que nosotros percibimos no existe como una cuerda unitaria, es solamente un agregado de hilos, y a su vez éstos no existen como entidades unitarias, porque son solamente agregados de filamentos, y así sucesivamente. El movimiento es una serie de diversos procesos, los que en muchos casos no pueden constituir en sí mismos movimientos en avance, aunque ellos contribuyen a promover el movimiento de la totalidad a la que pertenecen, como por ejemplo la carrera de un hombre o de un animal; cualquier emoción, pasión, sentimiento, está constituído por un número de procesos mentales o psicológicos, que a pesar de estar compuestos por múltiples elementos reciben un nombre común como si ellos fueran una unidad: amor, odio, miedo, fe. Entonces, de acuerdo a Nāgārjuna, cuando percibimos cosas, ellas realmente están frente a nosotros, pero no son como aparecen. Cuando las examinamos, se disuelven a sí mismas en partes y subpartes, y lo que nosotros habíamos visto previamente, desaparece ante nuestros ojos. Se podría decir que las cosas en cierto modo participan tanto del ser como del no-ser.

La realidad empírica está por lo tanto caracterizada por la condicionalidad, la relatividad, la dependencia, el hecho de ser compuesta, el hecho de ser percibida bajo una forma que no le es propia. La noción de Vaciedad expresa este modo de ser.

3. La concepción idealista de la Escuela Yogācāra.

La Escuela Yogācāra, fundada por Maitreyanātha (circa 300 d.C.), afirma la sola existencia de la mente (cittamātra), de la consciencia (vijñāna) (2)
Para esta escuela la única cosa que existe son ideas, representaciones, creaciones mentales, a las que nada real corresponde. Recordemos que para el Budismo, desde un comienzo, la mente o la consciencia es sólo una serie de estados de consciencia, de actos del conocimiento. Estos actos cognitivos constituyen la mente; no hay una entidad afuera y diferente de ellos, permanente y autónoma que “tenga” estos actos de consciencias, que las “experimenta” como su testigo inalterable u observador. La escuela idealista sostiene esta tesis, pero agrega (contrariamente a lo que el Budismo pensó en su comienzos) que la sucesión de representaciones que constituye la mente, no corresponde a ningún correlato real.

La realidad empírica en la cual nosotros existimos tiene en este camino el mismo estatus ontológico que los sueños o ilusiones creadas mágicamente. Nada distingue la visión de la realidad en la que nos movemos de las visiones oníricas o fantasmagóricas creadas por magos, o de las alucinaciones originadas por sugestiones.

El realismo naïve abrazado por el Budismo en sus primeras etapas, o en el período de desarrollo de las sectas que siguieron a la muerte del Buddha, ha dejado lugar a una perspectiva extremadamente idealista, donde los seres y los objetos desaparecen como entidades reales y donde permanecen sólo entidades de naturaleza mental.

Si para la Escuela de Nāgārjuna la realidad empírica deviene el Gran Vacío, para la Escuela Yogācāra la realidad es solamente una Gran Ilusión creada por la mente sumergida en el error.

El prodigioso universo imaginado por los antiguos pensadores budistas, infinito en el tiempo, ilimitado en el espacio, habitado por un inconcebible número de sistemas de mundos, con sus incalculables millones de millones de seres, y con sus incalculables millones de millones de Buddhas guiando los infinitos seres a su Liberación, en una permanente transformación, regulados por leyes de universal validez, ha devenido –en la concepción Yogācāra- un producto de la mente humana, un sueño de esa sombra que es el hombre, quien depende solamente de su propio esfuerzo y que cuenta solamente con la ayuda de la Enseñanza del Maestro, y mira al camino que lleva a la Iluminación -el más alto grado de la inteligencia, conocimiento y consciencia-, el que le permite un reino de paz y silencio, la beatitud de la extinción, el supremo Nirvana.

(1) Cf. Januath Sinha, Indian Realism, Delhi, pp. 160, Motilal Banarsidass, 1972.

(2) Fernando Tola-Carmen Dragonetti: Being as Conciousness (2004); El Idealismo Budista. La doctrina de “solo-la-mente” (1989); La estructura de la mente según la Escuela Idealista Budista (Yogācāra), en Pensamiento, N° 182, Vol. 46 (1990), pp.129-147; Philosophy of mind in The Yogācāra Buddhist Idealistic school, in History of Psychiatry, Vol. 16, Issue 4, N° 64, Cambridge, December 2006, pp. 453-465.


Texto publicado originalmente en Pensamiento, Revista de Investigación e Información Filosófica, Universidad Pontificia Comillas, Serie Especial N° 1, Vol. 63, Número 238, Madrid, 2007.

07 diciembre, 2018

¿Es el Yoga ciencia y Filosofía? (Parte II)

Aplicación científica del método del Yoga

La ciencia y la filosofía exigen proposiciones universales, el conocimiento de las causas y principios y que las proposiciones se enlacen en relación de premisas y consecuencias. Si nos remitimos a las disciplinas y técnicas yóguicas, al margen de los contenidos doctrinales de los Yoga Su̅tras y nos centramos en el método práctico, cabría hacerse algunas consideraciones: ¿Buscamos proposiciones/conocimientos universales cuando practicamos o enseñamos? Si el Yoga es una ciencia, ¿Qué clase de ciencia es? ¿Cuál es su objeto? ¿Hacen ciencia aquellos que dicen que es ciencia en su práctica y enseñanza de Yoga? ¿Hacen ciencia maestros como B. K. S. Iyengar?


B. K. S. Iyengar



Parecen unas preguntas extrañas para un adepto al Yoga, sin embargo, es frecuente leer que el Yoga es una ciencia y una filosofía. Debemos saber de qué estamos hablando si se afirman tales propuestas.

Para facilitar este análisis vamos a clasificar este estudio del Yoga en tres niveles: El Yoga en la salud, en lo mental y en lo espiritual. Buscaremos argumentos a favor y en contra del Yoga como ciencia.

Argumentos a favor y en contra del Yoga como ciencia:

1- En el plano de la salud

1º) Argumentos en contra:

En primer lugar, para que el Yoga sea ciencia ha de conocer los principios y las causas del tema que se propone, en este caso de la salud. Si el objeto de estudio es la salud, el Yoga ha de conocer las causas y principios tanto de la enfermedad como de la salud puesto que ha de ser una ciencia que abarca la salud en su totalidad. Y como ciencia productiva si desea lograr la salud deberá conocer cómo diagnosticar y tratar la enfermedad puesto que ambas, tanto el diagnóstico como el tratamiento, son imprescindibles para eliminar la enfermedad y lograr la salud. Si el Yoga pretende ser una ciencia, ha de tratar en completitud su tema de estudio, es decir, la salud. Si conoce algunas partes y otras no, entonces no conoce el todo y si no conoce el todo, no es ciencia de la salud sino sólo de algunas de sus partes. Así, el Yoga debería ser una ciencia del diagnóstico y del tratamiento.

• La incapacidad de diagnosticar

Es en el diagnóstico encontramos un impedimento para hacer del Yoga ciencia. El profesor de Yoga no posee los fundamentos teóricos para realizar un diagnóstico médico. En situaciones normales, antes de tratar a un paciente, el profesor necesita un diagnóstico, sea de un médico alopático, ayurvédico, etc.

Si el Yoga no puede diagnosticar por sí mismo, depende de otra ciencia y no puede ser autosuficiente. En este caso, sería una ciencia del tratamiento pero no del diagnóstico. Entonces, no sería una ciencia completa de la salud sino sólo de la terapia.

• Carencia de proposiciones universales

Un profesor o adepto al Yoga puede conocer y sentir lo que sucede en su cuerpo pero no conocer la causa y el principio que la motiva. También puede desconocer lo que ocurre fuera de su experiencia e ignorar lo que sucede en los cuerpos de otros. Estas habilidades nacen en la experiencia, pero la experiencia no es suficiente a la hora de convertirla en arte o ciencia. Aristóteles lo explica muy bien en su libro Metafísica, capítulo II:

“La experiencia da lugar al arte y la falta de experiencia al azar. El arte a su vez, se genera cuando a partir de múltiples percepciones de la experiencia resulta una única idea general acerca de los casos semejantes. […] Los hombres de experiencia tienen más éxito, incluso, que los que poseen la teoría, pero no la experiencia. La razón está en que la experiencia es el conocimiento de cada caso individual, mientras que el arte lo es de los generales, y las acciones y producciones todas se refieren a lo individual […]”

Por ejemplo, si me quiero curar de un lumbago con las técnicas de posturas yóguicas (āsanas) y encuentro, por tanteo, - tras haber aprendido de un maestro competente - las sensaciones adecuadas que producen alivio, puedo llegar a desarrollar una cierta sensibilidad sobre qué es beneficioso para mí en particular. En este caso seré un hombre de experiencia porque conozco los hechos y las sensaciones que producen ciertos efectos en mi, pero no seré un artista a no ser que empiece a desarrollar un conocimiento general de esa base experiencial para mi caso particular y para el de los demás. En resumen, si no consigo elevar el conocimiento particular de mi experiencia de los hechos al conocimiento universal, o al menos al conocimiento con un grado satisfactorio de observaciones y repeticiones (sin ser estrictamente universal), no podemos afirmar que el Yoga Terapéutico es ciencia.

• Desconocimiento de las causas y principios

Si un requisito para que el Yoga de la salud sea ciencia es la de formular proposiciones universales, otro requisito de igual importancia es conocer las causas y principios detrás de esas proposiciones. Por ejemplo, el profesor de Yoga puede conocer lo que sucede en muchos individuos con lumbago, pero desconocer su causa o el principio que lo motiva.





De nuevo Aristóteles en Metafísica expone elocuentemente estos matices:

“No es menos cierto que pensamos que el saber y el conocer se dan más bien en el arte que en la experiencia y tenemos por más sabios a los hombres de arte que a los de experiencia. Y esto, porque los unos saben la causa y los otros no. Efectivamente, los hombres de experiencia saben el hecho, pero no el por qué, mientras que los otros conoce el por qué, la causa. […] En general, el ser capaz de enseñar es una señal distintiva del que sabe frente al que no sabe, por lo cual pensamos que el arte es más ciencia que la experiencia. Además, no pensamos que ninguna de las sensaciones sean sabiduría, por más que éstas sean el modo de conocimiento por excelencia respecto de los casos individuales: y es que no dicen el por qué acerca de nada. […] Como todos opinan que lo que se llama sabiduría se ocupa de las causas primeras y de los principios. Con que, el hombre de experiencia es considerado más sabio que los que poseen sensación del tipo que sea, y el hombre de arte más que los hombres de experiencia, y el director de la obra más que el obrero manual, y las ciencias teoréticas más que las productivas”.

2º) Argumentos a favor:

• Capacidad de diagnóstico

Si el objeto de estudio del Yoga en este nivel es la salud, y el Yoga ha de conocer sus causas y principios, se puede argumentar que el Yoga contiene en sus fundamentos teóricos una definición de salud mucho más amplia que la que pueda contener, por ejemplo, la ciencia médica alopática.

Como causas de la enfermedad y la salud, el Yoga no se contenta con referirse a un mero equilibrio físico o fisiológico sino que gran parte de su doctrina está dedicada al equilibrio psicológico y a los principios éticos-morales como causas primeras de los desequilibrios físicos. Si es capaz de descubrir y señalar con universalidad una causa superior por encima de las causas físicas, puede decirse que el Yoga es una ciencia con un objeto de estudio más amplio y elevado que una ciencia que sólo estudia la salud física.

Incluso se puede afirmar que el Yoga señala las causas metafísicas de las que se derivan las aflicciones psicológicas, (véase los aforismos de los Yoga Su̅tras: II.2, II.3, II.4, II.5, II.13, II.16, II.17, II-.18, II.24, II.25, II.26).

Por otro lado, ya en el diagnóstico físico, el Yoga comparte y recibe los conocimientos del Ayurveda (la ciencia antigua de medicina India) con lo que puede diagnosticar en base a estos conocimientos, que son suficientes y autónomos sin depender de otras ciencias. Existe una estrecha colaboración entre Yoga y Ayurveda y, aun hoy, los médicos ayurvédicos pueden recetar tratamientos complementarios como posturas, ejercicios de respiración, mudras, plegarias, meditaciones, etc, y que son parte de las disciplinas yóguicas.
Por ejemplo, el maestro de B. K. S. Iyengar conocía profundamente ambas ciencias, y podía diagnosticar y tratar a sus pacientes. Igualmente, la reconocidísima profesora de Yoga Geeta Iyengar es licenciada en Ayurveda. Esta colaboración entre Yoga y Ayurveda revela una mayor unión e integración entre ciencias. No olvidemos que el autor (Patañjali) del Tratado Clásico sobre el Yoga (Los Yoga Su̅tras) se supone que es el mismo autor (Caraka) de uno de los tratados clásicos de Ayurveda (Caraka Samhitā).

Que el diagnóstico del Ayurveda utilice modelos teóricos diferentes a los de la medicina alopática no lo hace ni mejor ni peor. Muchos médicos ayurvérdicos utilizan métodos de diagnóstico y equipamiento tecnológico prestados de la medicina alopática. Y no existe ningún problema en utilizar lo que funciona con mejores resultados. Sin embargo, los médicos alopáticos suelen ser reacios a estudiar otros modelos médicos. En cualquier caso, el Yoga podría actuar como ciencia terapéutica si se apoya en los conocimientos de diagnóstico de la medicina alopática, ayurvédica, etc.

• Validez terapéutica sin proposiciones universales estrictas

Hemos venido expresando la necesidad de proposiciones universales para hacer ciencia. Sin embargo, este requisito es válido para las ciencias teoréticas. A las ciencias prácticas o productivas no podemos exigirles tal grado de rigor. La ciencia médica alopática tampoco produce proposiciones universales estrictas. Las ciencias naturales tampoco. La terapia del Yoga no es una excepción.

Aristóteles realizó una clasificación de las ciencias que establece diferentes criterios según el objeto de estudio de cada ciencia y según la finalidad. Las divide en tres tipos: Ciencias teoréticas, prácticas y productivas. Por ejemplo, la ciencia teorética que estudia el ser en cuanto ser la denomina filosofía primera u ontología. La ciencia teorética que trata los seres móviles (modificables) y separados (que existen con independencia de que los piense) se llama física. Las ciencias teoréticas no tienen una utilidad práctica, están encaminadas a la aprehensión de la realidad. Las ciencias prácticas y productivas están encaminadas a la acción o a la producción, por ejemplo la ética o la retórica. El fin de la ciencia teorética es la verdad mientras que el de la ciencia práctica es la obra.

Por ello, aunque el Yoga Terapéutico no tenga validez científica en el sentido estricto del término, esto no le quita ni un ápice de valor. Que carezca de validez universal no quiere decir que sea falso. Puede ser verdadero pero no de forma científica estricta. Puede poseer una gran eficacia y valor terapéutico aún sin ser científico. Como hemos visto, el Yoga Terapéutico parece ser un arte que busca la salud, la salud del individuo, no la del hombre como idea general.

Aristóteles en el capítulo II de Metafísica advierte:

“El médico no cura a un hombre, a no ser accidentalmente, cura a Calias, a Sócrates; así pues, si alguien tuviera la teoría careciendo de la experiencia, y conociera lo general, pero desconociera al individuo contenido en ello, errará muchas veces en la cura, ya que lo que se trata de curar es el individuo”.

Al Yoga Terapéutico no se le puede exigir el rigor matemático de una ciencia teorética porque sólo estas ciencias teoréticas operan con contenidos que carecen de materia, como la física, las matemáticas o la teología.

• El Yoga Terapéutico es un conocimiento demostrativo

Como ciencia práctica y productiva el Yoga Terapéutico es un conocimiento demostrativo, es decir, consta de proposiciones que se enlazan en relación de premisas y consecuencias.

• El adepto al Yoga es más científico que un paciente médico

Desde el punto de vista del paciente, la ciencia médica sería mera opinión (doxa) puesto que el paciente delega completamente la función de diagnóstico y tratamiento en el médico. El paciente puede verificar poco por sí mismo, de hecho, deja en manos del doctor su curación sin que sea el sujeto el que colabore en la sanación, como si el sujeto no tuviese ninguna función en la cura.

Esta delegación es una pérdida de soberanía individual, de capacidad científica. El paciente confía en que los diagnósticos y tratamientos le libren de la enfermedad sin saber los hechos, ni las causas.

Sin embargo, y en favor de la terapia del Yoga, el paciente del Yoga Terapéutico, con esfuerzo y disciplina perseverante, se ve obligado a tomar las riendas de su sanación. El adepto al Yoga gana con sudor la salud, activando de forma natural sus propios recursos interiores tanto fisiológicos, éticos y mentales.

Y si existen cambios en su salud no se deben sólo a cambios fisiológicos sino también a causas psicológicas asociados a la disciplina, a la vida ordenada y ética que propone la praxis yóguica.

Para finalizar, al principio preguntaba si el maestro B. K. S. Iyengar hacía ciencia del Yoga Terapéutico. No cabe ninguna duda, que no sólo es un artista, cualquiera que estudie con él o sus profesores afirmaría que es EL Artista (con mayúsculas), del Yoga Terapéutico de todos los tiempos. No es sólo un gran maestro en la experiencia y las sensaciones del yogāsana sino que ha construido un arte completo que incluye las proposiciones generales, las causas y los principios.

Esa debe ser una de las razones por las cuales tantos médicos acuden a las clases terapéuticas que se imparten semanalmente en el instituto IYRM de Pune (India) o en cualquiera de las centros mundiales de Yoga Iyengar donde se imparten Yoga Terapéutico.

Fuente: Vedanta Tradicional: Vedanta, El Yoga de la Objetividad
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¿Es el Yoga Ciencia y Filosofía? Una revisión crítica (Parte I)

La ciencia y la filosofía exigen proposiciones universales, el conocimiento de las causas y principios y que las proposiciones se enlacen en relación de premisas y consecuencias. Si nos remitimos a las disciplinas y técnicas yóguicas, al margen de los contenidos doctrinales de los Yoga Su̅tras y nos centramos en el método práctico, cabría hacerse algunas consideraciones: ¿Buscamos proposiciones/conocimientos universales cuando practicamos o enseñamos? Si el Yoga es una ciencia, ¿qué clase de ciencia es? ¿Cuál es su objeto? ¿Hacen ciencia aquellos que dicen que es ciencia en su práctica y enseñanza de Yoga? ¿Hacen ciencia maestros como B. K. S. Iyengar?

Parecen unas preguntas extrañas para un adepto al Yoga, sin embargo, es frecuente leer que el Yoga es una ciencia y una filosofía. Debemos saber de qué estamos hablando si se afirman tales propuestas.

La diferencia entre opinión (doxa) y ciencia (episteme)

La palabras filosofía y ciencia (episteme) en Grecia eran prácticamente sinónimos. En este artículo vamos a referirnos a esta concepción originaria, sobre todo a la concepción aristotélica con una intención clara: la de aportar unas referencias originarias a la verdadera concepción de ambos términos, en oposición a la concepción moderna que se usa hoy. Desde esta posición podremos entender que nos referimos a ciencia y filosofía en un aspecto amplio y originario, y así ver si el Yoga es ciencia y filosofía, y qué clase de ciencia es.

La opinión es algo que sabemos de oídas y la episteme lo que sabes porque lo has comprobado de forma teorética o empírica. La opinión no sirve de mucho, no se considera saber. Por ello, la ciencia y la filosofía consistirían en transitar desde la doxa a la episteme.




Las ciencias de hoy se apoyan en la división del trabajo y la especialización. Esta división es despreciable para un filósofo ya que éste ha de comprobar por sí mismo todos los axiomas, las proposiciones, los enlaces entre proposiciones y las conclusiones que permiten construir la ciencia y la filosofía. En este sentido hay que advertir que en las ciencias actuales existe cierta opinión (doxa) ya que los científicos se apoyan en las opiniones de otros y nadie conoce ni comprueba, por sí mismo, toda una materia. Así, en las ciencias actuales, por mucho que se considere a la ciencia moderna como la nueva religión infalible, no hay una visión global: ¡La doxa es aceptable en las ciencias!

Tipos de proposiciones

Todo saber es expresable en una proposición. La lógica elemental nos dice que hay tres tipos de proposiciones:

Singulares

El predicado se dice de tantas cosas como dice el sujeto. Por ejemplo, “Todo hombre tiene un precio”.

Particulares

El predicado no se atribuye a tantas cosas como el sujeto sino sólo a algo en particular. Por ejemplo: “Sócrates tiene un precio”.

Universales

Aspiran a ser verdaderas en todo momento. Por ejemplo, “El agua está formada por dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno”. Tanto las proposiciones singulares y particulares no pretenden ser verdad en todo momento y para todos los casos.

Primera tesis: Las ciencias y filosofía buscan las proposiciones universales. Las universales sintéticas (las que amplían el conocimiento) se dividen en dos tipos.

Proposiciones a posteriori
 .
Se conocen a través de la experiencia sensible, a través de la recopilación de datos y observaciones. De estas proposiciones observamos ciertas características:

1 - Nunca tengo certeza. Con la observación sensible no puedo tener certeza completa de no equivocarme. Puedo afirmar algo verdadero pero no con certeza. 
2 - Expresan un estado de cosas (un hecho, una parte de la realidad) que son contingentes.
3 - Expresan estados de cosas que no son algo plenamente comprensible. Si pregunto por el por qué no tiene sentido la pregunta.

Mostremos unos ejemplos. Una proposición particular: “El sol sale”. Si pregunto sobre el ¿por qué? de la salida del sol, la pregunta no tiene sentido. La respuesta es igual de ininteligible que la pregunta. Si pregunto, “¿por qué los materiales nobles no se mezclan?” Un alumno de química podría contestar: “Porque tienen ocho elementos en su última capa atómica”. Tal contestación, no me aporta inteligibilidad. Si sigo preguntando ¿Por qué?, las respuestas siguen siendo ininteligibles: “Porque pierden y ganan otros electrones”. Y así sucesivamente. En este tipo de proposiciones siempre existen constantes que dependen de otras.




Segunda tesis: Las proposiciones científicas son todas a posteriori.

Proposiciones a priori

1 - No se requieren repeticiones ni experiencias.
2 - Permiten certeza, con absoluta seguridad.
3 - Expresan un estado de cosas necesario.
4 - Son plenamente inteligibles.

Ejemplos de proposiciones a priori:

A – La línea recta es el plano más corto entre dos puntos.
B – Dos ángulos se dicen opuestos por el vértice cuando los lados de uno son semirrectas opuestas a los lados del otro.
C – 5 + 7 = 12

Las matemáticas cumplen los criterios de estas proposiciones. Serían verdaderas en todo mundo posible. Otro ejemplo no matemático sería la proposición: “La responsabilidad presupone libertad”. Parece que es verdadera y no la he descubierto con pruebas y experiencias. También parece necesaria e inteligible ya que tiene sentido preguntar el por qué. Otro ejemplo: “Algo verde no es rojo”.

Tercera tesis: La filosofía consta de preposiciones universales a priori.
.
¿Cómo puedo conocer las proposiciones universales a priori (las verdades filosóficas)?

Existen dos métodos:

Directo o inmediato: A través de la intuición sensible o la intuición intelectual directa.

Indirecto o mediato: Son los argumentos a través de otras verdades que se adquieren por deducción o inferencia. En estos dos métodos hay un trayecto, son discursivos.
En la deducción es absolutamente imposible que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. En la inferencia es posible que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. En la inferencia, que se basa en la observación sensible, se extrae una conclusión mediante abstracción pero siempre es posible que en el futuro me decepcione, puesto que es una proposición a posteriori y no a priori (no es absolutamente necesaria).

Volvamos a nuestra pregunta inicial…

¿Es el Yoga ciencia y filosofía? Aplicación científica y epistemología del Yoga

Podemos analizarlo desde el punto de vista de la aplicación práctica del Yoga como método, es decir, si lo que promete el Yoga es aplicable en todos los hombres de forma universal. También podemos hacer un análisis de su epistemología, es decir, de la teoría de conocimiento en que se basa para adquirir sus premisas y verdades, con el fin de saber, en ambos casos, si es ciencia y filosofía. Con lo visto hasta ahora en este artículo, ¿crees que el Yoga es una ciencia y filosofía?

02 septiembre, 2018

La palabra Hinduismo

 La palabra “hindú” deriva etimológicamente de him apaśabdaṃ dūṣayati khaṇḍayati iti hindū, que significa “aquel que destruye el Adharma, la injusticia, es un hindú”.
Aunque la palabra “hindú” no se originó en la tradición védica, define el compromiso de su gente a un estilo de vida dhármico.

En épocas antiguas los invasores entraron por las fronteras del Noroeste de la India a través de los pasos de Khyber y Golan, desde Grecia, Persia y otros países. Cuando cruzaron el río Sindhu, encontraron un grupo de indígenas que vivían una vida religiosa muy estructurada. Para identificarlos los llamaron hindúes, y a su estilo de vida hinduísmo.
Se cree que estos invasores originalmente llamaron a estas personas sindhus, ya que vivían a orillas del río Sindhu, pero como el sonido “sa” era pronunciado “ha” en su idioma, la palabra Sindhu fue reemplazada por Hindú.






El Hinduismo tiene sus bases en los Vedas. Hay una idea errónea acerca de que es una de las religiones del mundo. Si bien es verdad que comparte ciertos aspectos de Dharma con otras religiones, es único en no tener un origen histórico.
Mientras los historiadores encuentran el origen de distintas religiones en sus respectivos fundadores o profetas, como el Cristianismo con Cristo, el Zoroastrismo con Zoroastro, los santos y sabios hindúes nacieron en una Tradición Védica ya existente. Los avatāras, encarnaciones como el Señor Rāma y el Señor Kṛṣṇa, también nacieron dentro de esta Tradición.

Aun hoy, en la India rural, las personas no se identifican como hindúes ni ven sus costumbres como una religión constituída. Su estilo de vida revela una cultura basada en los Vedas, un cuerpo de conocimiento comprendido como una tradición. Siendo eterno, Sanātana, esta tradición también se conoce como Sanātana Dharma¹.

Notas:

¹ Sanātana Dharma: el orden perenne, el orden que permanece y que subyace a toda ordenación (Raimon Panikkar en su libro Espiritualidad Hindú).

Extraído del libro Vedic Heritage, de Sundar Ramaswamy y Sunita Ramaswany.
Traducción: Equipo Vedanta.

Fuente: El Rincón del Vedanta

04 mayo, 2018

La Visión Tántrica

Por André Van Lysebeth



"La mujer crea el universo,
es el cuerpo mismo de este universo.
La Mujer es el soporte de los tres mundos,
es la esencia de nuestro cuerpo.
No existe otra felicidad que la que procura la Mujer.
No existe otra vía
que la que la Mujer puede abrirnos.
Jamás ha habido ni habrá jamás,
ni ayer, ni ahora, ni mañana,
otra fortuna que la Mujer, ni otro reino,
ni peregrinación, ni yoga, ni oración,
ni fórmula mágina (mantra), ni ascesis,
ni otra plenitud,
que los prodigados por la Mujer."

-Shaktisangama Tantra 11.52-
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Toda mujer es Shakti Diosa-madre, iniciadora, origen de toda vida, fuente de gozo, vía hacia la trascendencia: la mujer y su misterio están en el corazón del Tantra, son la esencia de su mensaje milenario.
Todo el tantrismo consiste de hecho en acceder a los aspectos abisales de la Mujer ocultos en la mujer real, del común. El Kaulāvāti-Tantra dice: "Hay que prosternarse ante toda mujer, sea joven en su esplendor juvenil o sea vieja, sea hermosa o fea, buena o mala, jamás hay que abusar de ella, maldecirla ni hacerle daño, jamás hay que golpearla. Tales actos hacen imposible todo siddhi (realización)"
El culto que el Tantra dedica a la mujer supera -¡y de lejos!— todo lo que los movimientos de liberación femenina reclaman. Esto no es una crítica a esos movimientos, necesarios en nuestra sociedad patriarcal y que al menos quieren reconocer a la mujer como igual al hombre —"igual" no es sinónimo de "idéntica"—.
Para el Tantra, es esencial ante todo que la Mujer emerja de la mujer, que ésta comprenda lo que ella es verdaderamente, que lo transmita en su visión de sí misma y del mundo, que lo integre en su vida. El tántrico, para quien toda mujer encarna a Shakti, tendrá hacia ella una actitud muy diferente a la del varón común. Para él, ella no es un objeto sexual que hay que cortejar para obtener sus favores, ni una presa de caza. El tántrico no es ni ligón ni Donjuán. Sola con él, la mujer no tiene nada que temer: estará segura, será libre de comportarse como quiera. Respetada, en ningún momento será importunada.

El mensaje del Tantra concierne tanto a la mujer como al hombre. La Shakti tántrica es o trata de convertirse en una verdadera mujer que se atreve a explorar las profundidades de su ser para descubrir allí sus fundamentos últimos. Ella es la diosa, es decir, la encarnación de una energía cósmica última, viviente y presente, aunque no lo sepa.
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.Definir el Tantra:

Los pensadores indios tienen la excelente costumbre de comenzar por definir las palabras que utilizan. Hacer esto con la palabra tantra es tan indispensable coma difícil, vista la variedad de sentidos posibles, cada uno de los cuales aporta una precisión.
Según el contexto, tantra significa lanzadera, trama (del tejido), continuidad, sucesión, descendencia o también proceso continuo, desarrollo de una ceremonia, sistema, teoría, doctrina, obra científica, sección de una obra. Por último, Tantra designa una doctrina mística y mágica o una obra que se inspire en ella. Para S. N. Desgupta, tan proviene de tantri, explicar, exponer; y Tantra designa también entonces un tratado que abarca un tema determinado; por eso con frecuencia tantra figura en el título de un libro que no tiene relación con el tantrismo, o viceversa.
Para la masa india actual, Tantra significa toda doctrina no védica, lo que demuestra la antinomia, incluso el antagonismo fundamental entre el sistema ariano-védico-brahmánico y el Tantra.

Algunos refutan que la palabra no apareció hasta el siglo VI, lo cual no es falso. Sin embargo, hacer coincidir el origen del tantrismo con la aparición del nombre es más bien engañoso: la palabra "sexo" (del latín sexus, raíz sectus = separación, distinción) no apareció hasta el siglo XII, pero todo hace pensar que la cosa existía antes.
Tantra significa también "oficio de tejer, tejido", y esto parece no tener relación alguna con una doctrina. Pero el Tantra percibe el universo como un tejido donde todo se imbrica, todo se sostiene, todo actúa sobre todo. Uniendo el radical tan (estirar, extender) y el sufijo tra (que indica la instrumentalidad), tenernos Tantra, literalmente, instrumento de expansión del campo de la conciencia ordinaria, a fin de acceder a lo supraconsciente, raíz del ser y receptáculo de poderes desconocidos que el Tantra quiere despertar y utilizar. Todo lo que está aquí, esta en otra parte; lo que no está aquí no está en ninguna parte.

Para el Tantra, todas las formas de energía del universo, cualesquiera que sean —gravedad, cohesión nuclear, electromagnetismo—, están presentes en todas partes del cosmos, por tanto aquí mismo donde estoy sentado. Los humanos que pertenecemos a la era post einsteiniana, aceptamos esto sin dificultad, aunque en general esta identidad entre materia y energía pensamos que sólo se refiere a la física nuclear. No advertimos tampoco que en el paso se ha "perdido" la materia compacta, reducida a energía cósmica pura, única a pesar de la multitud de objetos percibidos. Científicamente el universo es un gigantesco continuum que se extiende desde lo infra atómico a lo astronómico.
Los tántricos perciben esta unidad desde hace por lo menos treinta y cinco siglos: no está mal para seres que sólo utilizan sus sentidos, su inteligencia y sobre todo su intuición... Sin embargo, en la vida cotidiana ese saber no cambia para nada nuestra relación con los objetos; para nuestros sentidos, un grano de arena sigue siendo un grano de arena, y una galaxia, una cantidad de estrellas.
Cuando se aborda la vida, la frase todo lo que está aquí está en otra parte trastorna nuestros conceptos usuales al afirmar, ni más ni menos, que la vida está presente en todo el cosmos, mejor aún (¿o peor?) que el universo mismo es algo vivo.

Para el Tantra el universo vive, cada estrella tiene vida, en el sentido total del término, por tanto está habitada por una forma de conciencia, lo mismo que cada partícula infinitesimal nuclear. Estrellas, átomos conscientes: es duro de tragar; ¡es de vértigo! Y esta vida universal, única, se subdivide en innumerables planos de existencia y de conciencia! Para el Tantra, llena hasta la vida interestelar. ¿Impensable? Tal vez... ¡pero la inmensidad del universo es impensable! Incluso para el astrónomo que hace malabarismos con los cientos de millares de años luz, estas distancias enormes son inimaginables, ¡y sin embargo son bien reales!

En sánscrito, este gigantesco Ser cósmico es Mahat, el grande. (Mahat es un concepto tántrico adaptado y luego adoptado por una filosofía india clásica, no tántrica, el Samkhya). Para el Tantra, la vida es un proceso continuo en el espacio y el tiempo, sin hiatos ni tabiques entre todas las formas de vida, desde los virus a Mahat. De ese modo, como parte del Todo, yo participo en el Todo. Al continuum de la energía cósmica corresponde el de la vida, siendo los dos, además, indisociables. Para el Tantra el universo es Conciencia y Energía asociadas. En la práctica, esto lleva al respeto total de toda vida, sea animal, vegetal o bacteriana. Cuando alguien perjudica cualquier forma de vida perjudica su propia vida: la ecología se vuelve cósmica. Pero esto lleva también a contradicciones, al menos en apariencia. Por un lado, cada brizna de hierba es tan importante como un ser humano, pero si un cataclismo nuclear aniquilara toda vida sobre el planeta, o lo hiciera estallar, la explosión apenas arañaría el universo, pero lo contrario también es cierto y en este sentido cito al astrónomo y físico inglés Eddington: "el electrón que vibra sacude el universo".



Pintura del Kali Yantra sobre una pieza de tela de algodón
conservada actualmente en el Museo Británico  de Londres.


Demos un paso más: "Vida" implica "conciencia". Entre nuestras pocas certezas está la de la conciencia individual: cogito, ergo sum. En ese célebre "pienso, luego existo", la palabra "pienso" me incomoda. En efecto, es posible negar a los microbios el pensamiento, es decir, la reflexión estructurada, y reservarlo al ser humano, mientras que no se les puede negar la percepción de su propia existencia y de su medio, lo que nos daría otras tantas entidades conscientes.
El Tantra considera que cada célula es un ser viviente, consciente por sí mismo, dotado de un psiquismo, de emociones, de memoria, es decir, no de una vaga percepción crepuscular, sino de una conciencia tan lúcida como la cortical. Desprovista de sistema nervioso, de cerebro, la célula (o el microbio) se fabrica una visión del mundo sin ninguna relación con la que produce el córtex; pero, con su nivel y sus medios, es cien por ciento consciente de su entorno y también de sí misma y de sus emociones. 

Todo mi cuerpo es consciente, el cerebro pierde la exclusividad de la conciencia, que se convierte en una propiedad de todo el cuerpo. Si la conciencia y/o el espíritu existen en mi cerebro —todo lo que está aquí está en todas partes—, ellos impregnan también todo el organismo. El cuerpo ya no es la carcasa, el harapo, el obstáculo a la vida espiritual o —en el mejor de los casos— el "buen servidor": la espiritualidad existe en todos los niveles corporales.
Vertiginoso pensamiento saberse hecho de millares de miles de millones de individuos celulares, todos vivientes y conscientes, todos en comunicación. No existe un tabique impermeable entre mi conciencia cerebral y la de mis células, sino más bien una sucesión jerarquizada de planos de conciencia que reaccionan unos sobre los otros. Si, en el nivel cerebral, soy optimista, distendido, sereno, ese clima impregnará todo mí cuerpo, ¡hasta la última célula del dedo pequeño del pie! Y viceversa, asegurar unas buenas condiciones de vida a las células las hace felices, optimistas, serenas: en el nivel cerebral, experimentaré un bienestar, un dinamismo, cuya fuente profunda ignoro. Si, por el contrario, la acumulación de errores en la vida me ha enfermado, me será necesario sanar cada célula para poder curarme verdaderamente. Sin embargo, para recuperar la salud, puedo contar con la Sabiduría superior del cuerpo, inherente a cada célula, como con la devoción sin fisuras de cada individuo de la república celular, siempre que cree las condiciones materiales que le permitan manifestarse.
Para el tántrico, el cuerpo es un templo viviente. Durante siglos, el drama de Occidente ha sido oponer la carne al espíritu, pero el Tantra no ve frontera alguna entre los dos, ni siquiera una diferencia de naturaleza intrínseca. La salud, lejos de ser un lujo o el fruto del azar, se convierte en un deber. El primero de nuestros deberes.
Es lógico que el Hatha Yoga, que nos da los medios para ellos, provenga del Tantra. ¡Todavía un paso más! Todo lo que está aquí está en otra parte, lo que no está aquí no está en ninguna parte: una fuerza desconocida, incognoscible para mi pequeño yo, suscita y engendra el universo permanentemente.

Para el Tantra, la creación no es un acto único que se produjo de golpe en el comienzo de los tiempos, sino un proceso permanente (igual que para el cabalista). La creación actúa aquí y ahora. La energía creadora que suscita el universo está realmente presente en todo el cosmos, por tanto en mi cuerpo, en mi cerebro, en mis células. Las fuerzas cósmicas que hacen evolucionar la vida según las circunstancias locales cambiantes están presentes aquí mismo y yo no soy distinto de ellas. A cada instante de mi vida una fuerza misteriosa crea mi propio cuerpo y es la misma que crea el universo: es también la Kundalini.

Por fortuna, el Tantra no es una religión; por lo tanto, su visión del mundo no se opone a las diversas religiones: ¡se puede ser monoteísta y tántrico a la vez!. Sin embargo, mi religión, si la tengo, adquiere otra dimensión gracias a la visión tántrica. Si Dios existe, está presente aquí, y si Él no está aquí, no está en ninguna parte... ¿Puede un creyente concebir que haya en el universo un agujero del que Dios esté ausente?
Así, el creyente tántrico no relega a Dios a parte alguna del cielo, vive "en" Dios, percibe su presencia aquí y ahora. El tántrico no creyente, por su parte, adquiere una visión extraordinariamente rica del mundo. Para Pascal, el hombre, caña pensante, es una mota de polvo íntima, suspendida entre dos abismos angustiosos, lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. ¡Es parecido para el tántrico, salvo que éste se siente vinculado a los dos infinitos, y esto constituye la diferencia! La visión tántrica hace estallar las fronteras, o mejor dicho las disuelve, pues sólo existen en la mente. Desde el estricto punto de vista material, salvo para mis sentidos, no hay frontera abrupta entre los objetos que me rodean.
Para el físico, la materia es sobre todo vacío, en el que, de cuando en cuando, se arremolinan nubes de electrones en torno de un núcleo atómico. ¡Un vacío que, si se comprimiera la Tierra hasta que se tocaran todos los átomos, cabría, al parecer, en un dedal! Inconcebible, pero sin embargo real: a cada segundo soy bombardeado por panículas de alta energía venidas de las profundidades abisales del cosmos, que me atraviesan de lado a lado, sin tocar el menor núcleo atómico. ¡Soy peor que un colador!

Cuando la física dice que el universo es energía, eso ya es la mitad del concepto del Tantra, para quien cosmos es lo mismo que conciencia y energía asociadas. Desde esta óptica, toda unidad organizada comporta un nivel de conciencia, incluidos el átomo o el electrón. Algunos científicos, como Jean Charron, flirtean con esta noción sin aceptarla del todo.
La física moderna frisa con esta unidad conciencia-energía, aun cuando sus leyes, como la de Boyle-Mariotte, que predice con precisión el comportamiento de un gas, hace pensar que la materia es una mecánica ciega. 
 
El Tantra no aporta ningún dogma —felizmente—, pero eso no implica que un adepto tántrico deba rechazar los suyos, si los tiene. Si su religión se los propone, perfecto, pero el Tantra en sí no se los proporcionará. El Tantra, que entre otras cosas es una búsqueda de lo Real, no está, pues, en conflicto ni con la ciencia, ni con la religión: nada nos obliga a aceptar la idea de una conciencia que impregna todo el universo material. Observe el lector, sin embargo, que para el Tantra la conciencia no es un principio metafísico, sobrenatural, sino una propiedad fundamental del universo material, en el sentido más amplio del término. El tántrico no se concibe separado del resto de los vivientes, perdido en un minúsculo planeta, ínfima nota de polvo cósmico impulsada en el infinito del espacio helado interestelar. Se sabe parte integrante de la vida desde sus orígenes, bajo todas sus formas, y sabe que esta vida es un proceso continuo y consciente que engloba todo el universo.
Preciso también que esto no es el equivalente de la noción de "Dios", sino mucho más amplia.

La idea de que la vida es cierta forma de conciencia existente en el nivel subatómico emerge esporádicamente en Occidente, incluso entre los científicos puros: ha sido expresada en la muy seria revista científica inglesa Nature. En abril de 1964 el profesor D. F. Lawden sugería en esta publicación que, para un observador exterior, las características eléctricas y gravitacionales de una partícula son el reflejo de sus cualidades mentales. Lawden demuestra que la vida y la muerte son relativas: ¿cómo saber si un virus o un cadáver están muertos o vivos? Considera, pero sin aceptar la idea de una fuerza vital trascendente, que el científico "materialista" debe sin embargo admitir la continuidad de la vida y de la conciencia, en cierta forma, hasta el nivel de las partículas elementales. En esa época la idea escandalizó a los medios científicos, pero sin embargo no ha sido refutada. En cuanto a Prigogine, premio Nobel, dice: "Este es el corazón mismo de mi mensaje... La materia no es inerte. Es viviente y activa. La vida cambia perpetuamente para adaptarse a las condiciones de no equilibrio. Con la desaparición de la idea de un universo destinado al determinismo, podemos sentirnos amos de nuestro destino tanto para lo mejor como para lo peor". Esto implica, para Prigogine, primero, que la materia no se limita a nuestro minúsculo planeta y que es el universo total lo que es "viviente y activo", y segundo, que la vida, en perpetua evolución, es inconcebible sin conciencia. Todo esto coincide con el Tantra.
Cito también al físico suizo Wolfgang Pauli, quien tampoco tiene nada de dulce soñador. Descubrió particularmente que los electrones gravitan en torno del núcleo atómico, se colocan cada uno a cierto nivel de energía y ninguno puede dejar de instalarse en él; de ahí el "principio de exclusión" de Pauli, que en 1945 le valió el premio Nobel. Aplicado a los cristales, su principio explica el funcionamiento de los transistores.
Hasta aquí nada de especial, al menos en lo que se refiere a nuestro tema. Para Pauli, el misterio surge con la pregunta: ¿cómo sabe el electrón que ese nivel está ocupado? ¡En efecto, los electrones no son bolas de billar que chocan entre sí o caen en un agujero! ¡Su nivel de energía no tiene un pestillo para bloquear la puerta y hacer aparecer el rótulo "ocupado", como en el lavabo! Ningún modelo mecánico, ningún esquema mecanicista lo explica y todo sucede como si los electrones estuvieran informados de ello —tomen nota— sin pasar por el tiempo y el espacio. Para Pauli, que colaboró con otro suizo, C. G. Jung, los fenómenos de la magia, la alquimia y la parapsicología no son menos extraños que el comportamiento de las partículas elementales de la "materia", por tanto de la energía. Confirmo que la visión tántrica no invoca la intervención de ningún principio trascendente. La vida, la conciencia y la mente son, según el Tantra, diversos aspectos de la energía cósmica, más o menos sutiles, pero tan concretos y materiales como la gravitación o el electromagnetismo.

En Der Kreuzelschreiher, el autor vienes Ludwig Anzengruber, escribía hacia finales del siglo XIX en alemán popular: "Es kann dir nichts geschehen. Du gehörst zu dem allem und dös alies gehörst zu dir! Es kann dir nichts geschehen!", que se traduce: Nada puede sucederte. Tú perteneces al todo y todo te pertenece. Nada puede sucederte.
Esta certeza, que proporciona una serenidad total, se adquiere por medio de la meditación. El adepto percibe también que él mismo encierra potencialidades infinitas, de las de las fuerzas cósmicas creadoras que actúan en todo el universo. En el fondo, el pensamiento tántrico es muy natural, hasta evidente. Son nuestros prejuicios, nuestros clichés, nuestros sentidos (¡el velo de Maya, la ilusión!) los que lo ocultan.

Occidente considera que para que haya conciencia es necesario un sistema nervioso y un cerebro, es decir, un sistema cerrado. ¿Es consciente el árbol? Para el tántrico el árbol es mucho más que un producto de madera, es un ser viviente. No se siente separado del árbol ni del bosque. El occidental "normal" admite que el árbol vive —lo que es difícilmente discutible—, pero no ve en el pino un ser consciente, al contrario de algunas tribus africanas en las que los hombres se dirigen al espíritu del árbol antes de derribarlo. Danzan alrededor del árbol diciéndole que tienen absoluta necesidad de él para hacer una piragua y le prometen hacer buen uso de su tronco. Es seguro que, con una sonrisa condescendiente, algunos dirán que se trata de una práctica animista como mucho digna de "salvajes" incultos. Por supuesto que nadie pretende ni supone que el árbol razona; pero, sin embargo, para el Tantra está habitado por una forma de conciencia, aunque ésta no sea concebible para nuestro intelecto.

Los vegetales parecen tener una rica vida emotiva, como lo prueban diversas experiencias; los miembros de la comunidad de Find-horn hablan directamente con las plantas, les dan amor ¡y éstas crecen infinitamente mejor! Esto no sucede ni en la India ni en un pasado lejano y legendario, sino en la Escocia actual. No se trata de un acto de fe previo a la práctica del Tantra que ignora los dogmas. Sin embargo, si evoco estas cosas es para mostrar hasta dónde nos lleva la pequeña frase del principio... "Todo lo que está aquí está en todas partes, lo que no está aquí no está en ninguna parte": esta frase tiene implicaciones bien directas. En efecto, todos los secretos de la vida y de la muerte, de la creación y la disolución de los universos, están presentes, aquí mismo, en mi cuerpo (observe el lector que no escribo: "limitados a mi cuerpo..."). Entonces, ¿para qué recorrer el amplio mundo, viajar al Himalaya o a otra parte para alcanzar y descubrir la verdad, lo real, si puedo encontrarlo aquí mismo?.

No hay ninguna necesidad de microscopio ni de telescopio para descubrir la esencia oculta del mundo. En alguna parte, en las profundidades de mis células, "yo" manipulo energías y partículas subatómicas, como lo han hecho nuestros antepasados, millones de años antes de que el hombre moderno tomara las huellas digitales de las estrellas.

Extracto del libro Tantra El culto de lo Femenino.
-André Van Lysebeth-
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12 abril, 2018

Mantra

por Agustín Pániker

Pocos términos encapsulan mejor la riqueza de la espiritualidad índica que la voz sánscrita Mantra; otro de esos vocablos que ha traspasado las fronteras del Sur de Asia e inunda nuestras conversaciones y escritos en el extremo Occidente, aunque no siempre haya retenido la profundidad y la sustancia que posee en la idiosincrasia de la India. Una de sus etimologías lo dice casi todo: liberación (tra) de la mente (manas).

Hace más de 3.000 años los antiguos indios llamaron mantras a los himnos litúrgicos que fueron transmitiendo en su corpus sagrado: el Veda. Dice una interpretación clásica del Veda que, en verdad, los antiguos poetas y “videntes”, los llamados Rishis, “escucharon” –más que compusieron– el Veda. Los mantras que plasmaron serían como el “eco” del universo; un sonido divino que ellos, gracias a la meditación, la ascesis y la sensibilidad poética, fueron capaces de transcribir en forma de versos sagrados.

Por ende, para la antigua India, todo sonido con capacidad de liberarnos de las ataduras, el egocentrismo o la ignorancia posee la cualidad de un mantra. Se ha dicho, con tino, que el Hinduísmo es en esencia una “teología sónica”. No es tanto la visión de lo divino (Darshan), por importante que ésta pueda ser hoy en el culto, como la audición y entonación de lo sagrado, lo que puede situarnos en lo incondicionado.
De ahí la importancia de la lengua sagrada (el Sánscrito) o de las artes y ciencias relacionadas (etimología, fonética, métrica, etcétera). ¡Sólo en la India ha sido considerada la gramática un camino espiritual o Yoga capaz de conducirnos a la liberación!.

Por supuesto, las demás tradiciones índicas (Budismo, Jainismo y Sikhismo) han hecho también del mantra una de sus herramientas y pilares fundamentales. Conocidos son los mantras del Budismo Tibetano, como el Om Mani Padme Hum [véase imagen]. Y hasta el libro sagrado de los sikhs, el Guru Granth Sahib, está diseñado para ser cantado –y musicado– como un mantra, más que para ser leído.



Mantra Om Mane Padmi Hum pintado en un
monasterio tibetano de la región de Ladakh,
en el estado indio de Jamu y Cachemira.



El Tantrismo, que es una forma de espiritualidad índica que atraviesa fronteras religiosas (y tiene que ver tanto con el Hinduísmo como con el Budismo), es, en rigor, un mantra-shastra o “conocimiento de los mantras”.
Retomando la vieja sensibilidad védica, los maestros tántricos (muy activos entre los siglos VI y XII) desarrollaron una sofisticada ciencia de las sílabas sagradas y fórmulas mágicas condensadas. La entonación de esas sílabas, palabras o frases de poder posee un alcance yóguico y simbólico riquísimos.
Los mantras se asocian a las divinidades, a los estados de consciencia, a los rituales, etcétera. Culminan –como el Amén cristiano– las plegarias, las meditaciones, los sacramentos, los mandalas… porque se ecualizan con la mismísima vibración del cosmos, de lo Real.

De ahí que el canto a viva voz haya sido considerado en la India la más sublime de las artes (con permiso de la danza); porque tiene la capacidad de afinarse con el Absoluto sónico (Nada-Brahman). Y es que como dice una vieja Upanishad, existen dos formas del Brahman: el Absoluto-que-es-sonido y el Absoluto-que-es-silencio. Son las dos caras de una misma moneda.
Una pena que este riquísimo universo espiritual que incorpora la palabra “mantra” haya perdido en nuestras latitudes esa capacidad de transportarnos más allá de la mente y remita, tristemente, al sentido de un “adagio repetitivo”.
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