17 agosto, 2017

El Bodhisatva y el Bodhichita

 Qué es un Bodhisatva:

Un Bodhisatva es aquél que ha orientado todo su ser hacia el despertar. Se le define como alguien que busca alcanzar la iluminación, no sólo por beneficio propio, sino por el de todos los seres sensibles. Surge, pues, una pregunta práctica de suma importancia: ¿cómo se convierte alguien en un Bodhisatva? En otras palabras, ¿cómo llegamos a realizar este ideal espiritual tan sublime? La respuesta tradicional es bastante corta y directa, aunque requiere una explicación considerable. Uno se convierte en Bodhisatva cuando surge en él el Bodhichita.

Qué es el Bodhichita:

Veamos por un momento el término sánscrito original, Bodhichita-utpada. Bodhi significa "iluminación espiritual" o "despertar espiritual" y consiste en ver la realidad cara a cara. Chita significa "mente", "pensamiento", "conciencia" o "corazón". Utpada significa, simplemente, "surgimiento" o, de una manera más poética, "despertar". 

Bodhichita-utpada es uno de los términos budistas más importantes, especialmente en el campo del Mahayana. Se traduce generalmente como "surgimiento del pensamiento de la iluminación", pero eso es exactamente lo que no es. En cierta forma no puede haber peor traducción que esa. Podemos pensar en la iluminación tanto como queramos. Podemos pensar, leer, hablar al respecto. Podemos, de una manera superficial, decir lo que es o no es la iluminación, pensando que sabemos todo sobre ella. Incluso, ahora mismo podemos estar pensando en la iluminación. Entonces, sin lugar a dudas ha surgido el pensamiento de la iluminación en nuestra mente mientras hablamos de esto, pero no ha surgido el Bodhichita, no nos hemos transformado en Bodhisatvas.
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Mañjuśrī  (मञ्जुश्री), Bodhisattva del Budismo Mahāyāna 



Mañjuśrī es un Bodhisattva que ha alcanzado el estado de iluminación, pero que posterga su ingreso al estado de Nirvana para ayudar a otros a progresar en esa vía. El Bodhichita es mucho más que pensar en la iluminación. Guenther lo traduce como "actitud de iluminado". Personalmente, yo [Sangharákshita] lo traduzco algunas veces como "la voluntad hacia la iluminación" o "el corazón bodhi". A pesar de que todas estas traducciones alternativas son mejores que "el pensamiento de la iluminación", ninguna de ellas es completamente satisfactoria. Esto no se debe a las limitaciones del idioma sino al problema del lenguaje mismo. Podemos decir que el Bodhichita es un término bastante insatisfactorio para definir al Bodhichita.

Lo que el Bodhichita no es:

El Bodhichita no es un estado mental (o una actividad o función mental) en absoluto. Ciertamente, no es un "pensamiento" (que ninguno de nosotros pueda contemplar). Si pensamos en la iluminación, eso no es el Bodhichita. Éste no tiene nada que ver con el pensamiento. Ni siquiera es "un acto de la voluntad", si con eso queremos decir nuestra voluntad personal. No es tampoco el "estar consciente", si eso quiere decir que yo estoy consciente o que nosotros estamos conscientes de que existe la "iluminación". El Bodhichita no es ninguna de estas cosas. 

La manifestación de algo trascendental:

El Bodhichita representa básicamente la manifestación, incluso la erupción, dentro de nosotros de algo trascendental. En términos tradicionales (pensando en la exposición que hace Nagaryuna en un ensayo corto pero profundo, en el que escribió acerca del Bodhichita), se le incluye como parte de los "cinco Skandhas", lo cual es bastante interesante y nos da una idea importante con relación a la naturaleza del Bodhichita.

Para las personas que no están suficientemente familiarizadas con los "cinco Skandhas", digamos que Skandha es otro de esos términos intraducibles. Generalmente se le traduce como "agregado" o "confección", pero resulta insatisfactorio. En realidad es intraducible. En un sentido literal significa "el tronco de un árbol", pero eso no nos lleva muy lejos. Sin embargo, los "cinco Skandhas" representan una de las categorías doctrinales básicas del Budismo. Ya sea en la literatura pali, sánscrita, tibetana o china, una y otra vez se hacen referencias a los "cinco Skandhas" o a los "cinco agregados" o, como se complace en traducir el término el doctor Conze, las "cinco pilas", que una vez más, no nos ayuda mucho. 
Entonces regresemos a estos "cinco Skandhas" para aseguramos de lo que queremos dilucidar. 

Los cinco Skandhas El primero de los "cinco Skandhas" es Rupa, que significa cuerpo-forma. Esto quiere dar entender cualquier cosa que se percibe a través de los sentidos. En segundo lugar está Vedana, que significa "sensación" o "emoción", ya sea positiva o negativa. En tercer lugar está Samjña, que a grandes rasgos se traduce como "percepción" (algunas veces se traduce corno "sensación", pero realmente "sensación" es una traducción más apropiada para vVdana). Samjña es el reconocimiento de algo como "esa cosa en particular", que podemos identificar, señalar y etiquetar. En cuarto lugar están los Samskaras, término que es aún más difícil de traducir. Algunos eruditos alemanes lo traducen como "las fuerzas direccionales". Nosotros lo podemos traducir en general como las "actividades volitivas", es decir como los actos de la voluntad. El quinto es Vijñana, que significa "conciencia". Ésta es la conciencia a través de los cinco sentidos y a través de la mente en varios niveles. 
Éstos son los "cinco Skandhas": Rupa (forma material), Vedana (sensación o emoción), Samjña (percepción), Samskaras (actividades volitivas) y Vijñana (conciencia). Si queremos entender la metafísica y la filosofía budistas debemos conocer estos "cinco Skandhas" de arriba abajo. Tenemos que estar muy familiarizados con ellos, de tal manera que sepamos de lo que estamos hablando. 

Todo entra en los cinco Skandhas En el pensamiento budista los "cinco Skandhas" son considerados como lo que conforma toda nuestra existencia psicofísica. En la gama entera de nuestra existencia psicofísica, en cualquier nivel, no hay nada (no hay pensamiento, no hay sentimiento ni hay aspecto alguno de nuestra existencia física) que no esté incluido en uno u otro de los "cinco Skandhas". Es por eso que al principio del Sutra del Corazón, el texto dice que el Bodhisatva Avalokiteshvara, al meditar en lo profundo de la Perfección de la Sabiduría, miró abajo (a la existencia condicionada) y vio cinco pilas (cinco Skandhas). Eso fue lo que vio, nada más. Vio que toda la existencia condicionada consistía en sólo estas cinco cosas. Nada ocurre, nada existe en el nivel condicionado de la existencia (el nivel Sámskreta) que no pueda incluirse bajo uno u otro de los "cinco Skandhas".

Fuente: http://www.budismo.com/

31 julio, 2017

Lila y el Juego de Dios

Tema recurrente en la mitología hindú es la creación del mundo a través del auto-sacrificio de Dios, “sacrificio” en el sentido original del “hacer sagrado” por el cual Dios se transforma en el mundo que, al final, nuevamente se transforma en Dios. 
Esta actividad creadora de lo Divino se llama Lila, El Juego de Dios, y el mundo se considera una etapa de la obra teatral divina. El mito de Lila, como la mayoría de la mitología hindú, tiene un fuerte sabor mágico. Brahman es el gran mago que se transforma en el mundo y realiza este acto con su “poder creador mágico”, que es el significado original de Maya en el Rig Veda. La palabra Maya, uno de los términos más importantes en la filosofía hindú, ha cambiado de significado a través de los siglos. Desde “poder” o “fuerza” del divino acto o mago, se transformó en el estado psicológico de cualquier persona bajo el hechizo de la obra teatral mágica. 

Mientras confundamos la infinidad de formas de la divina Lila con la realidad, sin percibir la unidad de Brahman dentro de todas estas formas, estamos bajo el hechizo de Maya. Por lo tanto, Maya, no significa que el mundo es una ilusión, como equivocadamente se dice. La ilusión meramente se encuentra en cada punto de vista, si pensamos que las formas y estructuras, cosas y eventos, que rodean al hombre son realidades de la naturaleza, en vez de darnos cuenta de que ellos son conceptos creados por las propias mentes empeñadas en medir y categorizar.




Maya es la ilusión de tomar estos conceptos por realidades, de confundir el mapa con el territorio. En la visión hindú de la naturaleza, por lo tanto, todas las formas son relativas, fluidas, el siempre cambiante Maya, poder conjurado por el gran mago de la divina obra teatral. El mundo de Maya cambia continuamente pues el divino Lila es una obra rítmica y dinámica. 
La fuerza dinámica de la obra es el Karma, otro concepto importante del pensamiento hindú: Karma. Es un principio activo de la obra, la acción total del universo, donde todo está dinámicamente conectado con todo el resto. “Karma es la fuerza de la creación, de la cual todas las formas obtienen su vida”. 

Liberarse del conjuro de Maya, romper las ataduras del Karma, significa darse cuenta de que todo fenómeno que percibimos con los sentidos es parte de la misma realidad. Significa experimentar, completamente y personalmente, que todo, incluyéndose uno mismo, es Brahman. Esta experiencia es llamada Moksha, o “Liberación” en la filosofía hindú, y es una parte importante de la esencia del Hinduismo. 

Fuente: El Hecho Religioso y las Religiones en su Historia. 
Artículo del Instituto Teológico de Albacete, España.

28 junio, 2017

Meditación en acción

La meditación es un arte de vivir; vivir plena, sosegada y armónicamente. Por un lado hay que practicar la meditación sentada, pero, por otro, llevar la actitud meditativa a la vida diaria, o sea trazar un vínculo entre la práctica meditativa como tal y la vida cotidiana. Es esencial trasladar una actitud adecuada a nuestro devenir diario y convertir la vida misma y sus vicisitudes en una gran maestra.

La actitud es cómo nos tomamos la cosas, o sea desde qué enfoque o punto de vista las consideramos. Recordemos el antiguo adagio: “Depende de cómo se coloquen las bisagras de una puerta para que abra hacia adentro o hacia afuera”. Así, dependiendo de la actitud, las cosas pueden resultar de uno u otro modo y la actitud es la que crea un tipo de reacción, sea ésta equilibrada o, por el contrario, desmesurada o anómala. Es esencial ir cultivando una actitud adecuada para la vida diaria, puesto que por un lado está la influencia o estímulo proveniente del exterior y, por otro nuestra reacción anímica.

Lo que a unos fortalece, a otros debilidad, dependiendo de la actitud.
Lo que a unos tanto angustia, a otros apenas altera, dependiendo de la actitud. Lo que en unos causa tanto disgusto o preocupación, a otros no inmuta dependiendo de la actitud.
Hay dos realidades o planos: el exterior y el anímico. La realidad exterior se caracteriza por situaciones, circunstancias o eventos, en tanto que la anímica o interior, por estados mentales y emocionales. Una y otra interactúan y dependiendo de la actitud o enfoque de la persona, las situaciones externas influyen de uno u otro modo, con una u otra intensidad. En la medida en que se cultiva una actitud de armonía, la persona es menos influida nocivamente por las situaciones externas y no es tanto la diana de las perniciosas influencias procedentes del exterior.

El modo de tomar las cosas y la reacción equilibrada o desorbitada ante las mismas, depende de que la actitud sea más equilibrada o desequilibrada, de mayor o menor entendimiento correcto o incorrecto. Por lo tanto, se puede decir sin duda que una buena actitud nos ayuda en sumo grado, como una mala actitud nos desayuda.





La actitud más saludable y provechosa que se puede llevar a la vida diaria, la iremos consiguiendo a través de la práctica de la meditación. Los frutos obtenidos con la práctica asidua de la meditación se irán trasladando a la vida diaria y lograremos mantener una actitud inspirada por el esfuerzo correcto, la atención consciente, la ecuanimidad, el sosiego, el contento interior, la lucidez y la compasión. Mediante una actitud tal estaremos en mejor disponibilidad para ir resolviendo las complicaciones que se vayan presentando, sin añadir las innecesarias y lo haremos con prestancia y sin obsesionarnos o resentirnos en demasía. Así no añadiremos complicaciones a las complicaciones, sino que trataremos de superarlas, y en lugar de preocuparnos inútilmente, nos ocuparemos conscientemente.

La acción no tiene por qué ser agitación y, sin embargo, sí puede ser meditación. ¿Cómo? Manteniendo en la acción la actitud meditativa, es decir, estando más centrados en el aquí y el ahora, encauzando el esfuerzo o energía sabiamente, activando la atención vigilante, desplegando la ecuanimidad, estimulando el contento interior, recuperando el sosiego cada vez que se pierde y tratando de desarrollar lucidez y compasión.

Cada trabajo o actividad, en lugar de realizarlos de modo mecánico, los podemos efectuar con la mente aquietada pero muy atenta, sin dejarnos obsesionar por los resultados de la acción y convirtiendo cualquier actividad en un soporte meditacional. Se puede acometer cada acción con mucha consciencia e interés, pero sin aferramiento ni apego, sin aborrecimiento ni odio.

No viene nunca de más recordar las sugerentes palabras de Vivekananda:”Trabajad como si fuerais en esta tierra un viajero. No os encadenéis. Este mundo no es nuestra morada”.

 -Ramiro A. Calle-

11 febrero, 2017

Las Doctrinas Yogas

Cuatro conceptos fundamentales y solidarios, cuatro "ideas-fuerza", nos introducen de inmediato en el corazón del espiritualismo indio: el Karman, la Maya, el Nirvana y el Yoga. En términos de filosofía occidental, diremos que, desde la época post-védica, la India ha tratado principalmente de comprender: 1°) la ley de la causalidad universal, que solidariza al hombre con el Cosmos y lo condena a transmigrar indefinidamente; es la ley del Karman; 2°) el misterioso proceso que engendra y sostiene al Cosmos, y al cumplirlo, hace posible "el eterno retorno" de las existencias: es la Maya, la ilusión cósmica, soportada (más grave aún: valorizada) por el hombre mientras está enceguecido por la nesciencia (avidya); 3°) la realidad absoluta "situada" en algún lado más allá de la ilusión cósmica entretejida por la Maya, y también fuera de los límites de la experiencia humana condicionada por el Karman: el Ser puro, el Absoluto, con cualquier nombre con que se le designe: el Yo (atman), Brahmán, el incondicionado, el trascendente, el inmortal, el indestructible, el Nirvana, etc.; 4°) finalmente, los medios para llegar al Ser, las técnicas adecuadas para adquirir la liberación (Moksa, Mukti): el conjunto de estos medios o técnicas constituye en realidad el Yoga. 

Se comprende entonces cómo queda planteado, para el pensamiento indio el problema fundamental de toda filosofía: la búsqueda de la verdad. Para la India, la verdad no es esencial por sí misma; se convierte en algo esencial gracias a su función soteriológica, porque el conocimiento de la verdad ayuda al hombre a liberarse. La posesión de la verdad no constituye la meta suprema para el sabio indio: lo es la liberación, la conquista de la libertad absoluta. 
Los sacrificios que está dispuesto a soportar el filósofo europeo para alcanzar la verdad en sí y por sí misma —sacrificio de la fe religiosa, de las ambiciones mundanas, de la riqueza, de la libertad personal y aun de la vida— tales sacrificios no son aceptados por el sabio hindú si no es con miras a la liberación. Liberarse equivale a forzar otro plano de existencia, a apropiarse de otro modo de ser por encima de la condición humana. 
Para la India, no solamente el conocimiento metafísico se traduce en términos de ruptura y muerte (al "quebrar" la condición humana, uno muere para todo lo humano), sino que este conocimiento implica necesariamente una prolongación de naturaleza mística: el renacer a un modo de ser no condicionado, lo que significa la liberación, la libertad absoluta.
La palabra Yoga etimológicamente, deriva de la raíz yuj, "ligar", "mantener oprimido", "uncir", "poner bajo yugo", de donde derivan también en latín jungere, jugum, y en inglés yoke. El término Yoga sirve en general para designar toda técnica de ascesis y cualquier método de meditación. Evidentemente, estos ascesis y esas meditaciones han sido valorizadas en forma diferente por las múltiples formas de pensamiento y movimientos místicos indios. 
Existe un Yoga "clásico", un "sistema de filosofía" expuesto por Patanjali en su célebre tratado Yoga-Sutra, y es de este sistema que hay que partir para comprender la posición del Yoga en la historia del pensamiento indio. Pero al lado de este Yoga "clásico", hay innumerables formas "populares", asistemáticas, de Yoga; también las hay de Yoga no brahmánico (yogas budista y jaina) y sobre todo de Yoga de estructura "mágica", "mística", etc. En el fondo, es el término mismo de Yoga el que permitió esa gran variedad de acepciones: En efecto, si etimológicamente yuj quiere decir "ligar", es sin embargo evidente que el "lazo" al que esta acción de atar debe llevar, y presupone como condición previa, la ruptura de los lazos que unen el espíritu al mundo. En otras palabras: la liberación no puede efectuarse si previamente no nos hemos "desligado" del mundo, si no hemos comenzado por sustraernos al circuito cósmico, condición indispensable sin la cual nunca llegaríamos a encontrarnos a nosotros mismos ni a dominarnos: aún en su acepción "mística", es decir, aún significando la unión, el Yoga implica el desligamiento previo de la materia, la emancipación con respecto al mundo. 

Su intensidad depende del esfuerzo del hombre ("poner bajo yugo"), de su autodisciplina, gracias a la cual se puede conseguir la concentración del espíritu, aún antes de haber pedido —como en las variedades místicas del Yoga— ayuda a la divinidad. "Ligar", "mantener oprimido", "poner bajo yugo", todo eso tiene por objeto la unificación del espíritu y abolir la dispersión y los automatismos que caracterizan a la conciencia profana. Para las escuelas del Yoga "devocional" (místico), esta "unificación" no hace más que preceder, evidentemente, a la unión verdadera, la del alma humana a Dios. 

Lo que caracteriza al Yoga, no es sólo su aspecto práctico, sino también su estructura de iniciación. El Yoga no se aprende solo, es necesaria la dirección de un maestro (guru). En la India, estrictamente hablando, los demás "sistemas de filosofía", lo mismo que toda ciencia u oficio tradicional, son enseñados por maestros, siendo por eso mismo iniciaciones: desde hace milenios son transmitidas en forma oral, "de boca a oído". Pero el Yoga presenta en forma más precisa, pues como ocurre en las otras iniciaciones religiosas, el yogui empieza por abandonar el mundo profano (familia, sociedad) y, guiado por su gurú, se dedica a superar en forma sucesiva la conducta y los valores propios de la condición humana. Cuando hayamos visto hasta qué punto se esfuerza el yogui para perder contacto con la condición profana, nos daremos cuenta de que él sueña con "morir para esta vida". Efectivamente, asistimos a una muerte seguida de un renacimiento con otro modo de ser: el representado por la liberación. 

La analogía entre el Yoga y la iniciación se perfila más aún si pensamos en los ritos de iniciación, "primitivos" o no, que persiguen la creación de un "cuerpo nuevo, "místico" (simbólicamente asimilado al cuerpo del recién nacido, según los primitivos). Ahora bien, el "cuerpo místico"; que permitirá al yogui insertarse en la modalidad trascendente, desempeña un papel importante en todas las formas del Yoga, principalmente en el tantrismo y la alquimia. Desde ese punto de vista, el Yoga retoma y prolonga, en otro plano, el simbolismo arcaico y universal de la iniciación, ya atestado en la tradición brahmánica (en donde el iniciado, justamente, es llamado el "nacido dos veces"). 





El renacimiento de iniciación se define, en todas las formas del Yoga, como el acceso a una modalidad no profana y difícilmente descriptible, expresada por las escuelas hindúes bajo diferentes nombres: Moksa, Nirvana, Asamkrta, etc. De todos los significados que posee en la literatura hindú la palabra "yoga", el mejor expresado es el que se relaciona con la "filosofía" Yoga (Yoga Darsana) tal cual está expuesta en el tratado de Patanjali, el Yoga-Sutra, y en sus comentarios. Un darsana, evidentemente, no es un sistema de filosofía, en el sentido occidental (darsana: vista, visión, comprensión, punto de vista, doctrina, etc., de la raíz "drs": ver, contemplar, comprender, etc.). Pero no por eso deja de ser un sistema de afirmaciones coherentes, extensivo a la experiencia humana, a la que trata de interpretar en su conjunto, con el objeto de "liberar al hombre de la ignorancia" (por variadas que sean las acepciones del término ignorancia). 

El Yoga es uno de los seis sistemas de filosofía indios ortodoxos (ortodoxo en su significado de tolerados por el brahmanismo, a diferencia de los sistemas heréticos, como por ejemplo el Budismo o el Jainismo). Y este Yoga "clásico" tal cual fuera formulado por Patanjali e interpretado por sus comentaristas, es también el más conocido en Occidente. 
El Yoga-Sutra de Patanjali es el resultado de un esfuerzo enorme, no sólo para reunir y clasificar una serie de prácticas ascéticas y recetas contemplativas conocidas por la India desde tiempos inmemoriales, sino también para valorizarlas desde un punto de vista teórico, fundiéndolas, justificándolas e incluyéndolas, en una filosofía. Pero Patanjali no es el creador de la "filosofía" Yoga, como tampoco es —ni podía ser— el inventor de las técnicas yoguis. Él mismo confiesa (Yoga-Sutra, I, 1) que no hace más que publicar y corregir (atha yoganusasanam) las tradiciones doctrinarias y técnicas del Yoga. Las sociedades exclusivas de ascetas y místicos indios ya conocían, en efecto, mucho antes que él, las prácticas yoguis. Entre las recetas técnicas conservadas por la tradición, Patanjali ha elegido las ya verificadas por una experiencia secular. En lo concerniente a los cuadros teóricos y el fundamento metafísico que Patanjali otorga a esas prácticas, su aporte personal es mínimo. No hace más que retomar, a grandes rasgos, la filosofía Samkhya, ordenada por él en base a un teísmo bastante superficial, donde exalta el valor práctico de la meditación. 
Los sistemas filosóficos Yoga y Samkhya son tan parecidos que la mayoría de los conceptos expresados por uno son válidos para el otro. Las diferencias esenciales son escasas: 1°) mientras el Samkhya es ateo, el Yoga es teísta, ya que postula la existencia de un Dios supremo (Isvara); 2°) mientras que, según el Samkhya, el único camino hacia la salvación es el del conocimiento metafísico, el Yoga otorga considerable importancia a las técnicas de la meditación. En resumen, el esfuerzo verdadero de Patanjali fue dedicado a la coordinación del material filosófico —sacado del Samkhya— concerniente a las recetas técnicas de la concentración, la meditación y el éxtasis. 

Gracias a Patanjali, el Yoga, que era de tradición mística, se convirtió en un "sistema de filosofía". La tradición hindú considera al Samkhya como al darsana más antiguo. El significado del término Samkhya parece haber sido "discriminación', siendo el objeto principal de esta filosofía el disociar el espíritu (purusa) de la materia (prakrti). El tratado más antiguo es la Samkhya Karika, de Isvarakrsna: la fecha no ha sido aún definitivamente establecida, pero de ningún modo puede ser posterior al siglo V después de Cristo. 
Entre los comentarios de Samkhya Karika el más útil es Samkhya Tattva-Kaumudi, de Vacaspatimisra (siglo XI). Otro texto importante es el Samkhya-Pravacana-sutra (probablemente del siglo XIV) con comentarios de Anirudha (siglo XV) y de Vijnanabhiksu (siglo XVI). 
No debemos exagerar, por cierto, la importancia de la cronología de los textos Samkhya. En general, todo tratado filosófico hindú comprende conceptos anteriores a la fecha de su redacción, a menudo muy antigua. Si encontramos en un texto filosófico una interpretación nueva, no significa por eso que no haya sido encarada anteriormente. Lo que parece "nuevo" en los Samkhya-Sutra puede tener, muchas veces, innegable antigüedad. Se ha concedido una importancia excesiva a las alusiones y polémicas que eventualmente se descubren en esos textos filosóficos. Tales referencias pueden muy bien tener por objeto opiniones mucho más antiguas que aquellas a las que parecían referirse. Si bien es posible precisar, en la India —donde es más difícil que en otros pueblos— la fecha de redacción de los diferentes textos, mucho más difícil es establecer la cronología de las ideas filosóficas mismas. 

Tal como el Yoga, el Samkhya tuvo también una prehistoria. Muy probablemente, el origen del sistema debe ser buscado en el análisis de los elementos constitutivos de la experiencia humana, con el objeto de distinguir aquellos que en la hora de la muerte abandonan al hombre, y aquellos que son "inmortales", en el sentido de que acompañan al alma en su destino de ultratumba. Un análisis semejante se encuentra ya en el Satapatha Brahmana (X, 1, 3, 4); divide al ser humano en tres partes "inmortales" y en tres mortales. En otras palabras, los "orígenes" del Samkhya están unidos a un problema de carácter místico, a saber: lo que subsiste del hombre después de la muerte, lo que constituye el verdadero Yo, el elemento inmortal del ser humano. Una larga controversia, que aún se prolonga, interesa a la persona misma de Patanjali, el autor de los Yoga-Sutra. Ciertos comentaristas indios (el rey Bhoja, Cakrapanidatta, el comentarista de Caraka en el siglo XI, y otros dos del siglo XVIII) lo identificaron como Patanjali, el filósofo que vivió en el siglo II antes de Cristo. La identificación fue aceptada por Liebich, Garbe y Dasgupta y rechazada por Woods, Jacobi y A. B. Keith. De cualquier modo, en definitiva, esas controversias acerca de la edad de los Yoga-Sutra son de escasa importancia, puesto que las técnicas de la ascesis y la meditación expresadas por Patanjali son por cierto de considerable antigüedad; no forman parte de sus descubrimientos, ni de los de su tiempo; habían sido probadas muchos siglos antes que él. 
Por otra parte, los autores indios raramente presentan un sistema personal: en la gran mayoría de los casos se contentan con formular las doctrinas tradicionales en el lenguaje de su época. Esto se verifica en forma más típica aún en el caso de Patanjali, cuyo único objetivo es el de compilar un manual práctico de técnicas antiquísimas. 
Vyasa (siglo VII-VIII) ha hecho un comentario sobre esto, el Yogabhasya, y Vacaspatimisra (siglo IX), una glosa: Tattvavaisaradi que ocupan un lugar preponderante entre las contribuciones a la comprensión de los Yoga Sutra. 

El rey Bhoja (principios del siglo XI) es el autor del comentario Rajamartanda, y Ramananda Sarasvati (siglo XVI) escribió Maniprabha. Finalmente, Vijnanabhiksu hizo mención de la Yoga-bhasya, de Vyasa, en su notable tratado Yogavarttika. 

Para el Samkhya y el Yoga, el mundo es real (no ilusorio, según la concepción del Vedanta). Sin embargo, si el mundo existe y perdura, lo debe a la "ignorancia" del espíritu: las innumerables formas del Cosmos así como su proceso de manifestación y desenvolvimiento, sólo existen en relación con la medida en que el espíritu, el Yo (purusa) se ignora, y a causa de esta ignorancia de orden metafísico, sufre y se esclaviza. En el momento preciso en que el último Yo haya encontrado su libertad, recién entonces la creación, en conjunto, se reabsorberá en la substancia primordial. Es en esta afirmación fundamental (más o menos explícitamente formulada) según la cual el Cosmos existe y perdura gracias a la nesciencia del hombre que podemos encontrar la causa de la depreciación de la Vida y del Cosmos; depreciación que ninguna de las grandes construcciones del pensamiento hindú post-védico ha tratado de disimular. 

A partir de la época de los Upanishad, la India rechaza el mundo tal cual es y desvaloriza la vida tal como se revela a los ojos del sabio: efímera, dolorosa, ilusoria. Un concepto como éste no conduce ni al nihilismo, ni al pesimismo. Se rechaza este mundo y se desprecia esta vida, porque se sabe que existe otra cosa, más allá del devenir, de la temporalidad, del sufrimiento. En términos religiosos, casi se podría decir que la India rechaza el Cosmos y la vida profunda, porque anhela un mundo y un modo de ser sagrados. Los textos hindúes repiten hasta la fatiga esta tesis, según la cual la causa de la "esclavitud" del alma, y como inmediata consecuencia el origen de infinitos sufrimientos, reside en la solidaridad del hombre con el Cosmos, en su participación, activa o pasiva, directa o indirecta, en la Naturaleza. Aclaremos: la solidaridad con un mundo no sagrado comporta participación en una Naturaleza profana. Neti! Neti! exclama el sabio de los Upanishad: "¡No! ¡no!; Tú no eres esto, ni tampoco esto otro!". 
En otras palabras; tú no perteneces al Cosmos en decadencia, tal como lo ves ahora, no eres arrastrado necesariamente a esta Creación; decimos necesariamente, en virtud de la ley propia de tu ser. Pues el Ser no puede mantener relación alguna con el no-ser; ahora bien, la Naturaleza no posee una realidad ontológica verdadera: es, en efecto, devenir universal. Toda forma cósmica, por más compleja y majestuosa que sea, termina por disgregarse: el mismo Universo se reabsorbe periódicamente, por "grandes disoluciones" (mahpralaya) en el molde primordial (prakrti). Ahora bien, todo lo que llega a ser, se transforma, muere, desaparece, no pertenece a la esfera del ser; expliquemos una vez más, no es sagrado. Si la solidaridad con el Cosmos es la consecuencia de una desacralización progresiva de la existencia humana y, en consecuencia, de una caída en la ignorancia y en el dolor, el camino hacia la libertad nos lleva necesariamente hacia una des-solidarización para con el Cosmos y la vida profana (en ciertas formas del Yoga tántrico, esta des-solidarización es seguida por un esfuerzo desesperado de re-sacralización de la existencia). Sin embargo, el Cosmos, la Vida, tienen una función ambivalente. Por un lado, proyectan al hombre en el sufrimiento y, gracias al Karma, lo incluyen en el ciclo infinito de las transmigraciones; por otra parte, lo ayudan, indirectamente, a buscar y a encontrar la "salvación" del alma, la autonomía, la libertad absoluta (Moksa, Mukti). Más sufre el hombre, en efecto, es decir que más solidario es con el Cosmos, más le invade el deseo de liberación y más le atormenta la sed de salvación. 
Las ilusiones y formas cósmicas se ponen, de esa forma —y eso en virtud y no a despecho de su magia propia, y gracias al sufrimiento que incesantemente alimenta su infatigable devenir— al servicio del hombre, cuya finalidad suprema es la liberación, la salvación. "Desde Brahmán hasta la simple brizna de hierba, la Creación (srsti) es para el bien del alma, hasta que se llegue al conocimiento supremo." (Samkhya-Sutra, III, 47.) El conocimiento supremo, es decir la liberación no sólo de la ignorancia, sino también y en primer lugar, del dolor, del sufrimiento.

Extracto del libro Yoga, Inmortalidad y Libertad
-Mircea Eliade-

13 enero, 2017

Dhyāna: Meditación

Técnica - Preguntas


 Posición: 


- Sentado sobre un cojín con las piernas cruzadas. 
- Rodillas más bajas que la pelvis. 
- Pelvis basculada hacia delante. 
- Zona lumbar metida hacia dentro. 
- Espalda recta y erguida. 
- Hombros bajos; brazos y hombros relajados. 
- Nuca estirada; mentón recogido hacia dentro. 
- Ojos entrecerrados; cara relajada. Respiración: 
- Centrada en el abdomen, alargando la espiración. 
- Por la nariz. 
- Inaudible. 
- Sin forzar. 
- Actitud mental. 
- Atención continua en los detalles de la postura y en la respiración. 
- Atención "despierta"; conciencia de todo lo que sucede, sin interferir.
- Observación desapegada de todos los objetos, sensaciones, sentimientos, recuerdos, fantasías, imaginaciones, deducciones, etc, sin identificarse con ellos. 

Meditación, ¿en grupo o en soledad?:


La meditación, sobre todo al principio, es un ejercicio de paciencia, de constancia; por esto mismo, es conveniente practicar en grupo y, preferentemente, con alguien que corrija la postura y fije las pautas a seguir. Una vez aprendida la técnica (si es que hay alguna técnica), acostumbrado a la postura y fijada la rutina, se puede intentar la meditación en solitario. 
En todo caso, la práctica en grupo refuerza la rutina y evita el desánimo. Por el contrario, meditar en soledad puede conducir a una práctica más auténtica, aunque resulte más difícil perseverar.
Puede ser una buena idea combinar los dos métodos: practicar solo habitualmente y acudir a retiros de grupo o aisladamente a un centro de Meditación.

¿Es preciso un Maestro?: 


La meditación es "contemplación". En este sentido no se precisarían grandes o complicados conocimientos que aprender para poder meditar, y la función del Maestro podría llegar a considerarse como la de un mero instructor que nos proporciona una técnica concreta. 
Sin embargo, el Maestro de meditación es mucho más que un instructor puesto que él mismo debe dominar esta ciencia y disponer de una agudeza psicológica que sólo la práctica proporciona. 
El Maestro es básico al principìo y recomendable más adelante, para corregir y guiar al discípulo por la sutil senda de la meditación. 
Finalmente, no hay que olvidar que el mejor Maestro lo llevamos en nuestro interior. 

¿Cuántos tipos de meditación hay?: 


De forma muy general, la meditación se puede englobar en dos tipos: con objeto y sin objeto de concentración. 
1) La meditación con objeto es la más divulgada y consiste en concentrar el pensamiento en un único objeto, excluyendo cualquier pensamiento que distraiga la atención. El objeto puede ser algo físico, tangible, como un punto del cuerpo, el sol, la luna, una flor, un paisaje, un mantra, etc; y también puede ser algo más sutil, como un chakra (centro de energía en el cuerpo humano), una sensación, un pensamiento filosófico, un koan (frase profunda, sin sentido lógico, propia del zen), etc. Con este tipo de meditación se persigue excluir cualquier pensamiento, salvo el referido al objeto de concentración para, finalmente, trascender también dicho objeto. 
2) La meditación sin objeto (propia del yoga en su fase más avanzada, del soto zen y de alguna escuela tibetana) consiste en apartarse de todo objeto, de todo pensamiento, de toda sensación y experimentar el "descentramiento" volviéndose un puro observador. 

¿Por qué meditar?: 


La práctica de la meditación surge para tratar de encontrar respuesta a los grandes interrogantes que se nos plantean en relación con nuestra naturaleza más profunda: ¿quién o qué soy?, ¿de donde vengo y a dónde voy?, ¿por qué existo?, etc.
Además de buscar respuestas lógicas en la ciencia y la filosofía, o de fé en la religión, con la meditación se pretende trascender el estado ordinario de conciencia y traspasar de algún modo la realidad ordinaria, despertando a otra visión de las cosas que nos llena y da sentido a nuestra existencia. 
Paradójicamente, la meditación debe practicarse sin un objetivo concreto, sin esperar un logro determinado, ni siquiera el más elevado. 

¿Por qué se insiste tanto en tener la espalda recta durante la meditación?: 


Casi todas las escuelas de meditación insisten en mantener la espalda recta como base de la mejor postura a adoptar para la práctica. Con la espalda recta y vertical, perfectamente alineada, se mantiene más fácilmente la atención despierta y la inmovilidad; además, según algunas escuelas (yoga, tantra), la energía fundamental en el cuerpo circula con mayor libertad.



Meditación en Padmasana (Postura del Loto)
con Mudra de la Sabiduría en postura de manos.



¿Es necesario sentarse con las piernas cruzadas?: 


Resulta conveniente, aunque no imprescindible. La meditación que proviene de Oriente se practica tradicionalmente con las piernas cruzadas. De esta forma, la espalda se sostiene recta sin esfuerzo y la postura puede mantenerse durante largo tiempo. En cualquier caso, con las piernas cruzadas, las rodillas deben estar más bajas que la pelvis para que ésta bascule hacia delante y la espalda pueda mantenerse recta en equilibrio sobre el sacro. 

¿Cuál es el mejor momento para meditar?: 


Cualquier momento es bueno para meditar aunque los momentos más favorables son el amanecer y el anochecer, pues en estas horas se relaja el ritmo frenético de la vida ordinaria. 

¿Son necesarios los rituales en la meditación? 


Dependiendo de las escuelas, el ritual cobra más o menos importancia. Cuando la meditación se asocia a una religión (Budismo, Hinduismo) el ritual es muy importante, utilizando el simbolismo y el atractivo escondido en el mismo para "atraer" a los practicantes. El ritual no deja de ser un objeto más de concentración y como tal puede utilizarse, aunque en una práctica profunda no sea en absoluto necesario. Por otro lado, es muy difícil no efectuar algún tipo de ritual, aunque se trate solo de un simple saludo. 

Efectos de la meditación regular: 


En el aspecto puramente físico, la meditación tiene efectos relajantes, combatiendo la hipertensión y el stress. Psicológicamente, proporciona seguridad en sí mismo, confianza, fuerza mental, concentración y memoria. Pero sus efectos más importantes se hallan a nivel espiritual.

Importancia de las manos durante la meditación: 


Las manos, consideradas como una extensión de nuestro cerebro, sirven para reforzar la expresión y mostrar el estado de ánimo. Su posición durante la meditación es muy importante; se debe procurar una posición simétrica y simbólica por medio de un mudra (gesto tradicional de las manos durante la meditación). Los mudras más importantes en la meditación son: 

- Mudra de la sabiduría (en el yoga), con las manos sobre las rodillas, palmas hacia arriba y dedos extendidos, salvo pulgar e índice que rozan sus yemas al formar un círculo. 

- Mudra del vacío o cósmico (en el zen), formando un óvalo con las palmas una encima de la otra y los dedos pulgares rozando sus puntas. 

- Mudra del respeto o saludo, con las palmas juntas a la altura del pecho (este mudra no se suele mantener durante la meditación, sirviendo únicamente para iniciarla y finalizarla). También se pueden mantener las manos sencillamente encima de las rodillas o en el regazo con las palmas hacia arriba, una encima de la otra. 

Los ojos, ¿deben estar cerrados o abiertos?: 


También depende de la escuela. En yoga se suelen mantener cerrados y en el budismo entrecerrados. En los tipos de meditación en que se utiliza un objeto de concentración visible, evidentemente deben estar abiertos. En cualquier caso, la mirada debe estar perdida en el infinito. 

¿Es conveniente quemar incienso durante la meditación?: 


Durante la meditación se pretende inhibir los pensamientos y todo tipo de sensaciones, abstrayéndose a las mismas. Con el incienso se crea una atmósfera que controla nuestras sensaciones olfativas conduciéndolas a una regularidad, a un ritmo, al cual nos acostumbramos favoreciendo así la abstracción mental. 

¿Cuánto tiempo hay que practicar?: 


Partiendo de la base de la regularidad en la práctica, el tiempo de la misma se irá incrementando progresivamente pudiendo oscilar entre 10 min. y 1 ó 2 horas (o más) para cada sesión. 
La progresión en el tiempo de práctica debe ser muy lenta pero constante, dado que es fácil rendirse al aburrimiento, la falta de concentración, la desgana, la dispersión mental, etc. 
Generalmente, a partir de la media hora o los 45 min., la práctica se torna más fácil y "especial" (aunque al principio también puede que se sientan más molestias en las piernas). 

La "meditación electrónica", ¿es meditación?: 


No, tal como se entiende tradicionalmente. La meditación "new age", con sincroinductores, gafas de colores y sonidos relajantes puede ser un buen sistema de relajación y constituir una experiencia que, quizás, conduzca a la meditación tradicional. Pero, de ninguna forma se puede decir que en meditación haya "atajos" que valgan. 

¿Qué se dice en los Yoga Sutras sobre la meditación?: 


La concentración es la fijación de la mente, en estado de abstracción sensorial, en un solo punto (III.1) 

La concentración es la práctica de la atención continua, la esencia de la unidireccionalidad mental. Se trata en realidad de una "fijación en un solo punto", con el objeto de comprender. La meditación es el sostenimiento prolongado de las ideas que se presentan durante el estado de concentración (III.2) 

La meditación es la continuidad de una corriente de ideas parecidas, no perturbadas por ninguna otra. Mientras que en la concentración hay perturbación con otras ideas, no sucede así con la meditación, pues solo existe un flujo sobre la misma idea. La prolongada y profunda concentración lleva al estado de absorción meditativa (samadhi), en el cual el objeto se mantiene en la mente y llena todo el espacio de la conciencia. Todas las ideas que aparecen giran alrededor del objeto de concentración y se acompañan de una emotiva disposición que puede ser descrita como "serenidad", "paz" o "calma". No hay pérdida de lucidez; más bien el sentido de alerta parece intensificarse. Los procesos mentales que surgen de las causas de aflicción se evitan con la meditación (II.11)

José Antonio Offroy, Profesor de Yoga.
Autor y administrador de Yogadarshana, Yoga y Meditación

29 diciembre, 2016

El Alcance y Profundidad del Auténtico Yoga

Desde que surgió hace unos años la yogamanía y con ella el exhibicionismo banal del postureo y el alardeamiento de la flexibilidad, no son pocos los que siguen un "yoga" fitness que no es yoga, y no son muchos los que conectan con las raíces del verdadero yoga, beben en sus fuentes y en las mismas se inspiran. Es deplorable que el que ha sido el sistema ascético más venerable del mundo, en palabras del gran psicólogo William James, haya terminado para muchos por convertirse en una exótica gimnasia sin ninguna mira espiritual. 

El yoga es básicamente una técnica espiritual y un método de transformación, mediante el cual el practicante trabaja sobre todas las esferas de su persona (instintiva, motriz, mental, emocional) para ir logrando la evolución consciente y poder afrontar la vida con una actitud basada en la lucidez, la ecuanimidad, el sosiego y la compasión. 

A lo largo de la dilatada historia del yoga, han surgido muchas escuelas yóguicas de sabiduría, entre las que en este trabajo quiero abordar la de los natha yoguis y los pranavadins, que tanto hicieron por investigar y ampliar las posibilidades del ser humano, proporcionando instrucciones y procedimientos para hacer posible el verdadero autodesarrollo, la independencia mental y la libertad interior.


Hatha Yogui practicando Pranayama


Tanto los natha yoguis como los pranavadins trabajaban a fondo con las energías sutiles o finas, ya que son ellas las que permiten un tipo de conocimiento supramental y realmente transformativo.
Estas energías sutiles o finas están prontas a surgir cuando les facilitamos las condiciones para ello, entre las que se encuentran la consciencia bien afinada y alerta, el dominio sobre determinadas funciones somáticas y sobre el pensamiento, el cultivo de la perceptividad y de la intuición, y el sentimiento de apertura y de la capacidad (a través de la meditación y otros muchos métodos) de conectar con la fuente o caudal de energía que es personal y transpersonal, o sea que está dentro de uno pero también fuera de uno. Esta energía, principio de vida, sensación y acción, adquiere diferentes grados que van desde lo más burdo o tosco a lo más sutil. Es de importancia poder conectar con esas energías más finas y sutiles que procuran otro tipo de sentimiento y que otorgan una sensación de plenitud.
El ser humano es como una batería, un microuniverso o pequeña réplica del universo. La energía no es inagotale, y por eso hay que saber cuidarla, intensificarla y canalizarla. En este aspecto tanto los natha yoguis como los pranavadins eran unos verdaderos expertos. Los primeros se servían de buen número de técnicas de control psicosomático, que incidían no solo sobre el cuerpo físico sino de manera muy especial sobre el energético o etéreo; los segundos se valían de un estrechísimo y asombroso dominio sobre la respiración y así del prana o aliento vital. 

Los pranavadins consideraban que la médula del yoga es la regulación de la respiración y que sin control respiratorio no hay verdadero yoga. Mediante el dominio de la respiración conseguían disolver el pensamiento para así poder conectar con la mente quieta y disponer de su sabiduría; al vaciarse de contenidos mentales y emocionales, lograban que las energías finas eclosionaran. 


Sri Siddharameshwar Maharaj, Gurú del Linaje
Hindú Navnath Inchagiri Sampradaya


En el yoga ha sido una constante la enseñanza de que en la raíz del pensamiento, o antesala del proceso discursivo, se encuentra una realidad que se nos oculta como la perla se esconde en la ostra o la nata en la leche. Los pranavadins eran capaces de grandes logros a través del control de la respiración y la regulación del prana o fuerza vital. Los natha yoguis fueron los mayores investigadores experienciales del cuerpo que ha conocido la historia. Crearon todo el cuerpo de enseñanzas y métodos del Hatha-Yoga. Mediante su personal verificación descubrieron los campos de energía, los veintiún puntos vitales, el cuerpo etéreo que se interpenetra con el físico, los centros energéticos y la manera de descodificar muchas tendencias y reacciones psicosomáticas. 
Dominaban tanto la fisiología ordinaria como la sutil. Podían someterse a prolongados ayunos, entraban y salían a voluntad del éxtasis, podían incidir sobre los automatismos somáticos y conseguían que el cuerpo se volviese una preciosa herramienta para conquistar la mente y enderezar el espíritu. 
Fueron grandes expertos en lo que podríamos denominar "el trabajo consciente" sobre el cuerpo y muchos de ellos consiguieron, al final de sus días, vivir con plena consciencia el proceso de muerte o incluso abandonar el cuerpo conscientemente cuando se volvía un vehículo inservible. 

Parte de la herencia del verdadero Hatha-Yoga se la debemos a los natha yoguis y a los pranavadins. Es lamentable que hayan surgido toda suerte de pseudoyogas que dan la espalda al auténtico Hatha-Yoga y tratan de presentarlo como puro fitness o una exótica gimnasia para sudar, adelgazar, fortalecer el trasero, desarrollar el apego al cuerpo y la exhibición del barato contorsionismo. 
Lo que aún es más deplorable es que fueron un buen número de mentores indios que llevaron el yoga a Estados Unidos, los que más lo adulteraron con el definido propósito de mercantilizarlo, sin importarles que se convertían así en traidores a la esencia del yoga y dilapidaban su preciosa herencia.

-Ramiro A. Calle-

28 noviembre, 2016

Una Introducción al Hinduismo

por Ananda K. Coomaraswany


"De nada valdrá la erudición sino solamente el haber nacido." 
-Jacob Boehme- 

"Las sagradas escrituras declaran por doquier que el hombre debe vaciarse de sí mismo. Cuando te liberas de ti mismo, entonces te autocontrolas y al autocontrolarte te autoposees, y al poseerte, estás en posesión de Dios y de todo lo que Él creó." 
-Meister Eckhart-

"Quien se conoce, conoce a su Señor con una unificación que trasciende toda común asociación."
-Najmu'ddin Kutra- 

"¿En qué medida no te olvidarás de Dios? Siempre que no te olvides de ti mismo; pues, al recordar tu propia nada en relación con todas las cosas, también recordarás la trascendencia de Dios en relación con todas las cosas." 
-Filón-

"Todos los escritos sagrados que han explorado al Yo como objeto declaran: anular el postulado del yo implica Liberación." 
-Sri Ramana Maharshi- 

 "Pues a la mente que se extrovierte y permite andar en libertad le incumbe apartarse de la influencia de todas las cosas y, por último, del mismo todo." 
-Filón-

"¿Qué es uno mismo?: Razón. ¿Qué es este yo?: La razón.".................
-Marco Aurelio-  



El Brahmanismo o Hinduísmo es no solamente la más antigua de las religiones de los misterios, o más bien, de las disciplinas metafísicas, de la que tenemos un conocimiento completo y preciso proveniente de fuentes literarias, y en lo que respecta a los últimos dos mil años también de documentos iconográficos, sino también tal vez la única de ellas que ha sobrevivido con una tradición ininterrumpida y que en la actualidad es vivida y comprendida por muchos millones de hombres, algunos de los cuales son gente rústica, y otros gente docta, capaces de explicar su fe tanto en idiomas europeos como en el suyo propio. No obstante, y aunque las escrituras y prácticas antiguas y modernas del Brahmanismo han sido examinadas por eruditos europeos durante más de un siglo, difícilmente sería una exageración decir que una fiel explicación del Hinduísmo bien podría darse en la forma de una negación categórica de la mayoría de las declaraciones efectuadas acerca de él por eruditos europeos y por indios instruidos en nuestros modernos modos de pensar escépticos y evolucionistas.




Podríamos empezar, por ejemplo, señalando que la doctrina Védica no es panteísta ni politeísta, ni es un culto de las fuerzas de la Naturaleza, excepto en el sentido de que Natura naturans est Deus y todas sus fuerzas son sólo los nombres de los actos de Dios; que el karma no es el "hado" en el sentido ortodoxo del carácter y del destino que son inherentes a las cosas creadas mismas, y que, entendido correctamente, determina su vocación; que maya no es "la ilusión", sino más bien la medida y el medio material esenciales para la manifestación de un mundo cuantitativo, y en este sentido "material", de apariencias, por las que podemos ser iluminados o engañados de acuerdo con el grado de nuestra propia madurez; que la noción de una "reencarnación" en el sentido popular de que los individuos vuelven a renacer en esta tierra representa solamente una interpretación errónea de las doctrinas de la herencia, la transmigración y la regeneración; y que los seis darshanas de la posterior "filosofía" sánscrita no son "sistemas" tan mutuamente excluyentes sino, como su nombre lo implica, otros tantos "puntos de vista" que no son más contradictorios entre sí que, por ejemplo, la botánica y la matemática.




En el Hinduísmo también negaremos la existencia de algo único y peculiar para sí, aparte de las locales adaptaciones pintorescas y sociales que son de esperar bajo el sol, donde nada puede ser conocido, salvo según el modo del conocedor. La tradición india es una de las formas de la Philosophia Perennis, y como tal, encarna aquellas verdades universales que ningún pueblo o ninguna edad pueden reclamar en exclusividad. Por lo tanto, el hindú quiere perfectamente que sus propias escrituras sean utilizadas por los demás como "pruebas extrínsecas y probables" de la verdad como ellos también la conocen. Además, el hindú argüiría que sólo sobre estas cimas puede efectivizarse algún acuerdo verdadero de culturas diferentes. Ahora trataremos de expresar positivamente los fundamentos; sin embargo, no como habitualmente se hace esto de acuerdo con el "método histórico" por el que la realidad es más oscurecida que iluminada, sino desde un punto de vista estrictamente ortodoxo, en cuanto a los principios y la aplicación de éstos, esforzándonos en hablar con precisión matemática, pero sin emplear jamás palabras nuestras o hacer afirmación alguna por la que no pueda citarse la autoridad por capítulo o versículo; haciendo de este modo que incluso nuestra técnica sea característicamente india.

No podemos intentar un estudio de la literatura religiosa, pues esto equivaldría a una historia literaria de la India, en la que no podemos decir dónde termina lo que es sagrado y dónde empieza lo que es secular, y hasta las canciones de las bayaderas y juglares son los himnos de los Fidèles de l'Amour. Nuestras fuentes literarias empiezan con el Rigveda (1200 ó más a.C.), y sólo terminan con los muy modernos tratados teológicos Vaishnava, Shaiva y Tántricos. Sin embargo, debemos mencionar especialmente al Bhagavad Gîtâ como probablemente la obra única y más importante que se produjo en la India; este libro de dieciocho capítulos no es, como a veces se lo ha llamado, una obra "sectaria", sino universalmente estudiada y a menudo repetida diariamente de memoria por millones de indios de todas las creencias; se la puede describir como un compendio de toda la doctrina Védica que se hallará en los Vedas, Brahmanas y Upanishads primitivos, y que, por lo tanto, por ser la base de todas las producciones posteriores, puede considerársela el foco de toda la religión india. 
Debemos agregar a esto que el Krishna y el Arjuna seudohistóricos han de identificarse con el Agni y el Indra míticos.