03 septiembre, 2017

El Hinduismo y su actualidad I

Múltiples Hinduismos

Lo primero que sorprende en el hinduismo es la enorme diversidad de sus manifestaciones. Hay hindúes politeístas, henoteístas, monoteístas, panteístas, deístas y ateos. Los hay monistas, dualistas y pluralistas. Hay hinduistas que no creen en la liberación del ciclo de las reencarnaciones y otros que ni siquiera creen en la reencarnación o la interpretan simbólicamente. Unos buscan la salvación por el conocimiento, otros por el control del cuerpo y de la mente, otros por la devoción, los rituales o el servicio desinteresado. Hay muchos dioses distintos, muchas sectas, corrientes, teologías, filosofías y maestros con doctrinas o enseñanzas diferentes e incluso contradictorias. 

En el hinduismo conviven la contemplación mística y los sacrificios sangrientos, la metafísica más sutil, las ciencias empíricas y las supersticiones más burdas. Cada fiel, según sus circunstancias y preferencias, selecciona unos u otros elementos y se hace su propio Hinduismo. Hay muy pocas cosas aceptadas universalmente por todos los hinduistas; la más característica de ellas es, como veremos en el apartado siguiente, la creencia en los Vedas como revelación suprema. Pero las doctrinas de estos textos son tan variadas que han servido para fundamentar muchas formas distintas de religiosidad, todas ellas hinduistas y ortodoxas. Esta gran diversidad de creencias, prácticas, instituciones, etc., ha llevado a algunos especialistas a afirmar que el hinduismo no es una religión, sino un conjunto o familia de religiones. Pero los propios hinduistas se consideran miembros de una tradición común, y parece justo tener en cuenta la autocomprensión de los fieles cuando se quiere entender un sistema religioso. 
Muchos de ellos rechazan el término "Hinduismo" de origen extranjero y llaman a su religión "Sanatana Dharma", la "Ley Eterma". 


Lord Ganesha, una de las principales deidades
del panteón hindú



Esta "ley" única, válida para todos, adoptaría múltiples formas, todas válidas, cada una de ellas más adecuada para una clase de personas según su temperamento, grado de evolución espiritual o circunstancias personales. Los más exclusivistas nunca se considerarán representantes únicos del verdadero Hinduismo, sino, a lo sumo, exponentes del Hinduismo más elevado, del camino más directo para liberarse del ciclo de las reencarnaciones. 

La esencia del Hinduismo:

¿Qué es lo que tienen en común todas estas variedades de Hinduismo? Hay algunos elementos compartidos por todos los hinduistas como un ejemplo de creencia en un cosmos ordenado moralmente. Pero esta es una creencia aceptada por muchas religiones y algunas cosmovisiones no religiosas, no es una creencia únicamente hinduista. En el apartado 1.1 hemos dicho que el Hinduismo es una religión. ¿Qué es lo que la distingue de todas las demás religiones? ¿Cuál es su diferencia específica? Toda religión tiene una o varias concepciones de lo divino. Lo divino es la realidad trascendente a la que debe someterse el hombre para alcanzar su propio bien. Una persona religiosa es una persona que cree en algo divino. La creencia en lo divino va unida, según la definición, a una idea del bien del hombre y a unas prácticas o actitudes mediante las cuales se expresa la sumisión a lo divino. 

Hay concepciones muy diferentes de lo divino (como personal o impersonal, como uno o múltiple, etc.), del bien (bienes relativos o absolutos, mantenimiento de un orden precario o paso de un modo de existencia insuficiente a una existencia plena) y de la sumisión a lo divino (fe, sabiduría, concentración, conducta moral, rituales, etc.). 

Para cada religión lo divino se manifiesta a los hombres de modo eminente a través de una determinada mediación: para los cristianos, Dios se revela definitivamente en Jesús; para los musulmanes, en el Corán; para los chamanistas, lo divino se manifiesta en las visiones de los chamanes; para los budistas, en la iluminación de Buda. Esa particular revelación de lo divino constituye el punto de referencia central y originario de cada religión, lo que la distingue de todas las demás. En el caso del Hinduismo, todos los fieles creen que la revelación divina que se halla en la base de su religión es la que se recoge en los Vedas. La aceptación de la autoridad última de los vedas es la única creencia compartida por todos los hinduistas y sólo por ellos. Es el núcleo esencial, la esencia del Hinduismo. Se puede definir, pues, el Hinduismo como la religión cuyo punto de referencia básico es la revelación de lo divino en los Vedas. Y será hinduista el que crea en la autoridad de los Vedas, el que se identifique con la tradición religiosa que arranca de los Vedas.

Extracto de El Hinduismo y su Actualidad, de Javier Ruiz Calderón.-

Javier Ruiz Calderón, doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid 1992), con una tesis sobre El Yoga del Conocimiento. La práctica del Vedanta no dualista en la Obra de Swami Krishnananda (inédita). Especialidades: filosofía de la religión; filosofías y religiones de la India; Sánscrito y Cultura India. Ha sido profesor de Historia de las Religiones en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) entre 1992 y 2003 e investigador en el Instituto de Filosofía y Religión "Jnana Deepa Vidyapeeth" (Pune, India) entre 2003 y 2006.Miembro de la Sociedad Española de Ciencias de la Religión, el Instituto de Indología (Madrid), el Bandharkar Oriental Research Institute (Pune, India) y la Sociedad Académica de Filosofía.Colaborador habitud en el Seminario de Filosofía de la Religión del Instituto de Filosofía del CSIC. Socio fundador de la Sociedad de Estudios Índicos y Orientales.

01 septiembre, 2017

El Yoga y su alcance

Yoga y trabajo interior

El Yoga es tan antiguo y a la vez tan actual que Mircea Eliade -practicante de yoga- se refirió a él como «un fósil viviente». Es, sin duda, la técnica liberatoria más antigua del mundo, pues el Yoga arcaico (que ya disponía de eficaces métodos para conducir la mente a un estado de conciencia superior) es muy anterior a la penetración de los arios en la India.
Los primeros yoguis se adentraron en la búsqueda interior con el afán de conectar con conocimientos de orden superior y poder acceder a regiones ignotas de la mente. En el transcurso de los años fue configurándose un cuerpo amplísimo de enseñanzas, métodos, técnicas y prescripciones para la auto superación, la evolución de la conciencia y la conquista de una mente superior a la que el Yoga denomina supramundana, por situarse más allá de las apariencias.
Por su propia experimentación personal, los yoguis fueron concibiendo y ensayando toda clase de métodos de autoconocimiento y autodesarrollo, así como técnicas muy específicas para la contención del pensamiento, el cultivo armónico de la atención, el acrecentamiento de la conciencia, la purificación del inconsciente, el control psicosomático, el desarrollo de la visión esclarecida y la reunificación de las energías dispersas. Como lo más cercano a un ser humano es su propio cuerpo, su mente y las energías que animan a ambos, el yogui convirtió su complejo psicofísico en un laboratorio para efectuar su trabajo, poniendo en práctica innumerables procedimientos para armonizar el cuerpo, la mente y las energías y poder conquistar un tipo de percepción (yóguica) liberadora muy diferente y muy superior a la percepción ordinaria, siempre sometida a error.




El yogui emprendió sin tregua el trabajo sobre sí mismo, al que denominamos, por su carácter, trabajo interior. Se trata de una práctica minuciosamente llevada a cabo para poder conocer la naturaleza real que reside en uno mismo y para aprender a conocer y regular la propia realidad interna. Se trata de superar la ignorancia básica de la mente y de desplegar todos los potenciales internos para superar la desdicha, procurar un sentido de aprendizaje interior a la vida y mejorar las relaciones con uno mismo y con los demás.
Este trabajo es integral, o sea, que se realiza sobre todos los componentes del ser humano: cuerpo, cuerpo energético, órgano psicomental (mente y emociones) y comportamiento. Se conoce ese trabajo interior que es el entrenamiento yóguico como sadhana o práctica espiritual.
El sadhana tiene por objeto la evolución consciente, el autoconocimiento y el autodesarrollo, para beneficio propio y ajeno. En este trabajo sobre uno mismo, el practicante encontrará no pocos obstáculos, pero también buenos aliados internos. Entre los obstáculos se encuentran no solamente las circunstancias externas adversas y el entorno inapropiado y las vicisitudes de la vida, sino también los que derivan del desequilibrio orgánico y de la inarmonía psíquica. Son obstáculos el desasosiego, la pereza, la negligencia, el descontento, la ofuscación, la avidez, el odio y tantos otros, a los que hay que sumar el propio inconsciente desordenado, caótico y el cúmulo de viejos patrones, heridas psicológicas, traumas y frustraciones. También son obstáculos los enfoques incorrectos, los estrechos puntos de vista, el apego a las ideas.
A menudo es la propia mente uno de los escollos más difíciles de superar, porque hay que ir limpiándola de esa ofuscación o ignorancia básica que genera innumerables emociones insanas, del mismo modo que hay que ir aprendiendo a contener el pensamiento neurótico y descontrolado que es fuente de avidez, odio y, en suma, de una gran masa de sufrimiento para uno mismo y para los demás. 

Todas las técnicas del Yoga (incluidas las del Yoga psicofísico) apuntan a la mente para sanearla e iluminarla. De una mente ofuscada todo lo que se deriva es nocivo. Hasta que se somete uno al sadhana adecuado, la mente está dominada por innumerables condicionamientos (muchos de ellos inconscientes) que falsean su visión, ya que ésta está densamente velada por tres «oscurecimientos»: el interpretativo, el reactivo y el imaginativo. La visión liberadora va desencadenándose en la medida en que la mente se purifica, los condicionamientos se resuelven y la percepción se esclarece.
Pero si bien los obstáculos no son pocos en esta senda hacia la paz interior y la sabiduría, también hay dentro de uno mismo un buen número de aliados que se desplegarán para colaborar en la conquista de la quietud y el conocimiento liberador. Son simientes de iluminación que es necesario cultivar para que maduren y reporten sus excelencias. Estos aliados, denominados factores de crecimiento o iluminación, son entre otros: el esfuerzo correcto, la atención vigilante, la ecuanimidad, el sosiego, el contento y la visión lúcida.
Estos factores de iluminación colaborarán de manera eficaz en la superación de uno de los más graves obstáculos, el del ego o la autopersonalidad, que nos desvía de nuestra naturaleza original y nos somete a esclavitud.




Los condicionamientos inconscientes reaccionan generando a menudo el «charloteo» mental, ese pensamiento mecánico y confuso (en las antípodas del recto pensar) que es el ladrón de la felicidad. Tengamos bien presente que la primera definición del Yoga por escrito es «el control de los pensamientos en la mente»; así, todos los procedimientos yóguicos ponen su empeño en controlar los pensamientos mecánicos y neuróticos, para poder conocer un tipo superior de mente que nada tiene que ver con la mente ordinaria, al que se denomina unmani o no mente.

Como el trabajo interior o sobre uno mismo tiene un carácter integral (se extiende a todos los elementos que conforman al ser humano), comporta:
  • Unos ideales yóguicos que son asiduamente cultivados.
  • Un buen número de técnicas psicofisiológicas para intensificar el control psicosomático y mejorar psicofísicamente a la persona. 
  • Un nutrido arsenal de técnicas psicomentales, entre las que se encuentran la retracción de los órganos sensoriales y el recogimiento interior, la concentración, la meditación, la auto indagación, la contención del pensamiento y muchas otras.
  • El cultivo de una adecuada actitud vital, que debe ser trasladada a la vida cotidiana, apuntalada en la atención consciente, la ecuanimidad, el sosiego y la compasión. 
Una ética natural, que estriba en poner medios para que las otras criaturas sean felices y evitarles el sufrimiento. 

Este sadhana (ejercitación) integral compete, pues, al cuerpo, al cuerpo energético, al órgano psicomental y al comportamiento con nosotros y con los demás. El trabajo sobre el órgano psicomental adquiere gran importancia, pues somos aquello que pensamos y sentimos, ya que lo que hay dentro de nosotros tiende a emerger a través del comportamiento. Incluso el Yoga psicofísico (Hatha Yoga) pretende con sus numerosas técnicas no sólo beneficiar los cuerpos físico y energético, sino también favorecer el dominio de la psique.
Este trabajo integral se traslada a la vida cotidiana y el practicante debe tomar su existencia como una práctica interior, tratando de: 
  1. Hacer lo mejor que pueda en cualquier momento y circunstancia.
  2. Hacer con atención consciente y con destreza, sin dejarse alienar por la acción.
  3. No obsesionarse por los resultados, pues los mismos, si han de venir, lo harán por añadidura.
  4. Tratar de que la acción sea menos personalista y egoísta.
  5. Convertir la vida cotidiana en un maestro, aprendiendo a bregar sabiamente y con actitud adecuada con los acontecimientos, circunstancias y situaciones, poniendo en marcha la atención consciente y la firme ecuanimidad. 

La práctica de las técnicas yóguicas va transformando al practicante y le enseña a modificar sus viejos modelos de conducta mental cuando estos son nocivos o perturbadores, para poder conseguir una renovada y más armónica forma de sentir y sentirse.


El Gran Libro del Yoga.
-Ramiro A Calle-

31 agosto, 2017

El pensamiento de la India II

Todos los estudiosos de la filosofía Oriental coinciden en afirmar que la India antigua nos ofrece el espectáculo de la más amplia libertad de pensamiento que haya conocido la historia de la humanidad. A pesar de la rigidez de los cuadros sociales, a pesar de la organización jerárquica en castas dentro de las cuales se nacía y moría, a pesar de las exigencias rituales a las que era necesario someterse para no ser declarado impuro, el hombre indio gozó de una libertad absoluta para resolver los problemas de su espíritu y para exponer las soluciones que encontrase. La casta brahmánica, que se consideraba depositaria de una tradición eterna e inmutable, fijó en sus leyes, escrupulosamente, las sanciones de que se harían pasibles quienes violasen aquella tradición. 

Los Brahmanes se consideraban dioses, y así lo declaraban; pero la adhesión que reclamaban no iba más allá del reconocimiento de sus privilegios de casta: bastaba, para no chocar con la tradición brahmánica, admitir verbalmente la infalibilidad de los Vedas. Los Brahmanes no dejaban al hombre indio el goce de la libertad física: era preciso comer esto o aquello, saludar de esta o aquella manera; pero le abandonaban el mundo de las ideas. Todo lo fisiológico, todo lo externo estaba legislado, pero la actividad espiritual podía desenvolverse sin la coacción de las normas y sin el temor de la sanción. No había delitos de pensamiento, y esto significa que el pensador no estaba al servicio de un sistema social y ni siquiera al servicio de un sistema político. Nadie, ni en las leyes ni en los hechos, fue condenado en la India antigua por sus ideas.



Vicente Fatone en uno de sus viajes a Oriente


El filósofo aspira a ser un curador de almas; de la verdad dice que es una medicina, y de los maestros dice que son los mejores médicos. No puede extrañarnos, ahora, que la mentalidad india haya acusado a Sócrates, a Aristóteles, a Platón de no ser sino "pensadores secos y buscadores de la verdad sin ninguna inspiración amorosa hacia la multitud que sufre".
Esta aproximación entre medicina y filosofía puede ser comparada con la actitud de Descartes, quien en su Discurso y su correspondencia nos dice que había resuelto dedicar "toda su vida a adquirir de la naturaleza un conocimiento tal que le permitiese obtener normas para la medicina", pues la salud era "el primer bien y el fundamento de los bienes de esta vida". También él tuvo la preocupación por prolongar la vida sin dolores y sin decadencias, aunque terminase por confesar que en vez de encontrar los medios para conservar la vida, había encontrado otro "más fácil y seguro: el de no temer la muerte". 

Esta filosofía no se resuelve en una explicación del dolor y de la muerte que habían sido uno de sus puntos de partida: aspira a suprimirlos. En sus primeras respuestas ofrece al hombre una segunda vida en el mundo de los antepasados. Pero si esa segunda vida comenzaba, también debía tener término.
El pensamiento indio no quiso renunciar nunca a esa otra certeza: todo lo que comienza perece, aun cuando sea la vida en el mundo de los antepasados o de los mismos dioses. A lo que aspiraba era a una realidad que no tuviese comienzo. La supervivencia no ofrecía la seguridad de la liberación. 
Los distintos sistemas querían alcanzar una realidad a la que no se ingresase como intruso sino en la que ya de alguna manera se estuviese participando desde la eternidad: el hombre no podía evitar la muerte sino porque él mismo era una realidad sin comienzo, absoluta, inmutable. Hombre soy y nada divino considero ajeno a mí: este podría ser el lema de la filosofía india. 

Sea que lo absoluto se llame Nirvana o se llame Brahma, siempre se concluirá diciendo que ese absoluto es el hombre mismo y que tiene su ilustración en el espacio infinito que todo lo invade y no conoce ni nacimiento ni muerte, que no es afectable por el tiempo, y que es lo único que del mundo queda cuando al final de un período cósmico el mundo es destruido. 

El hombre indio vio en el sueño, más que una imagen de la muerte, una imagen de la salvación. En el sueño con ensoñaciones existía aún el dolor, aunque atenuado, y también existía la responsabilidad moral: en los primeros Himnos Védicos este hombre pedía a los dioses que le perdonasen también los pecados cometidos durante el sueño. En el sueño sin ensoñaciones, profundo, el espíritu subsistía y actuaba, aunque su acción no fuese consciente: ese sueño era otra de sus manifestaciones y no podía prescindirse de ella para estudiar la totalidad del espíritu. 

Por esa razón el hombre indio no quiso considerar nunca la conciencia como manifestación forzosa del espíritu y ni siquiera como su manifestación más alta. Desde las más antiguas Upanishads, los primeros filósofos se empeñaron en descubrir el sentido del sueño profundo, de esa manifestación del espíritu en que nuestro padre ya no es nuestro padre y nuestra madre ya no es nuestra madre, en que ya no es mendigo el mendigo ni es asceta el asceta y en que ni el bien ni el mal nos persiguen, porque estamos más allá de todas las ansias del corazón, sin que nuestro espíritu haya dejado de ser. 
El estado de sueño profundo, como el de sueño con ensoñaciones y el de vigilia, debían ser investigados, y la técnica Yoga fue la encargada de proporcionar un medio para provocar en rápida sucesión voluntaria todas las manifestaciones psíquicas. 
Lo importante era, para el hombre indio, no confundir el espíritu con ninguna de esas manifestaciones, aunque su tendencia más frecuente, o la primera, fue la de confundirlo con el estado de sueño profundo, porque se trataba de aquel en que el dolor no era posible y en que tampoco era posible nada de lo que caracterizaba al mundo de la caducidad y de la muerte. Pero ya en el mismo pensamiento upanishádico se insinúa que la última realidad del espíritu está más allá de los tres estados y que esa última realidad, ni consciente como la vigilia, ni inconsciente como el sueño profundo, es el objeto de la salvación que nos había movido a filosofar. 

La actitud hipercrítica, que fue convirtiéndose en la nota más importante de la filosofía india, se aplicó también a la investigación psicológica y a las técnicas que creyeron poder ofrecer la salvación mediante una gimnasia respiratoria o mediante el ejercicio que consiste en producir imágenes visuales con colores distintos a los del objeto real que ha sido percibido. Pero esa actitud no podía sostenerse indefinidamente, ni era capaz de infundir mayor vida a los sistemas: durante siglos se insistió en ella, hasta que el pensamiento pareció extenuarse. Los sistemas, ya sin un pensamiento que los animase, quedaron convertidos en esquemas, admirables por su complejidad y por su textura, pero, en definitiva, nada más que esquemas. La gran aventura del espíritu indio -una de las más grandes y hermosas del espírita humano- había terminado. En adelante sólo ofrecería una taumaturgia de feria ante la cual el mismo hombre indio sonríe con tristeza, o la labor profesional desde la cátedra, que es, sí, un justo orgullo de la India contemporánea.

Fuente:
Artículo publicado por Esteban Ierardo en su espacio web Temakel, sitio de cultura dedicado a las riquezas del mundo del Mito, el Arte y el Pensamiento.
Las presentes citas pertenecen a Obras Completas Vol. VI, Ensayos sobre Hinduismo y Budismo, de Vicente Fatone. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1972.

Vicente Fatone, su bibliografía: Ensayistas y filósofos de Argentina

30 agosto, 2017

El pensamiento de la India I

Hinduísmo, documental


India, tierra de faquires, de gurús, de yogis, de renunciantes. Haz de religiones, universo de misterios profundos, de oscuro simbolismo para los no iniciados.
Cuna de la espiritualidad y del misticismo. Esperanza de hallar respuestas a los enigmas que angustian a la humanidad, refugio, retiro, peregrinación a las fuentes, búsqueda de la divinidad.
Universo de contrastes y de contradicciones. Conglomerado de sensibilidades y de estados anímicos y una de las grandes culturas de la humanidad.

Algunas de las más relevantes formas religiosas del mundo han germinado en el fértil subcontinente: el Hinduísmo, el Budismo, el Islam y el Cristianismo.
Las dos primeras se gestaron aquí, asimismo existe una larga lista de grupos, minorías y corrientes religiosas: Shivaísmo, Visnuísmo, Krisnaísmo, Shaktismo, Tantrismo.
El Hinduísmo representa una evolución desde las creencias y prácticas de la civilización pre-aria hasta el intrincado armazón de las esperanzas y hábitos proteicos, teorías, razonamientos, registros, formas y fórmulas que siguen vigentes en la actualidad.





Hay, sin embargo, ciertas ideas directrices, pensamientos dominantes, hondos vínculos dinámicos que engarzan los distintos momentos y vaivenes.
La unidad del Hinduísmo no es la de un cuerpo de doctrinas inalterable o la de un almacén consolidado de creencias sino la unidad de una vida que fluye.
Lo que se conoce como Hinduísmo es la consecuencia de una espectacular metamorfosis de la que somos contemporáneos, puesto que se prolonga aún hoy. Sin cesar, desde hace 3.000 años, han ido a mezclarse en el crisol Indio la sabiduría del Veda, las experiencias místicas, las reflexiones de los filósofos, los sueños y las obsesiones de la religión popular, sin olvidar las múltiples influencias cristianas, musulmanas, budistas o racionalistas a la manera Occidental, que la historia a aportado a este subcontinente.

25 agosto, 2017

Fisiología Sutil

Los siguientes conceptos relativos al cuerpo sutil se analizan someramente para explicar su significado relacionado con la práctica del Prânâyâma. 


PRÂNA 

Por el término sánscrito Prânâyâma, se conoce un extenso conjunto de técnicas para controlar el Prâna, concepto que significa a la vez energía y vida. Prâna es un término sánscrito para denominar la energía esencial del universo, y es concepto intraducible en toda su profundidad a nuestro idioma. Por otro lado Ayama significa controlar y expandir o alargar. De ahí nace el término para denominar el conjunto de técnicas de control de la respiración, Prânâyâma: control o expansión del Prâna, de la energía universal que recorre nuestro cuerpo. 

El Prâna se encuentra impregnando de vida, fuerza o actividad todo lo que de por si es inerte, inactivo. En la cultura científica, sus formas más conocidas son las distintas energías que contempla la ciencia: electricidad, magnetismo, energía atómica, etc. Sin embargo, tradicionalmente, el Prâna es el motor evolutivo que podemos encontrar en los cinco elementos de la naturaleza: tierra, agua, aire, luz y espacio vacío. Dada su gran variedad de manifestaciones, el Prâna podemos encontrarlo en todo aquello que nos proporciona fuerza y salud: luz solar, aire, agua y alimentos puros. Pero no solo en cosas concretas, también se halla en las emociones positivas (alegría, amor, serenidad), las acciones puras y el comportamiento correcto. El Prâna se halla íntimamente conectado con nuestros aspectos mental y espiritual. Por eso mismo, la concentración durante la ejecución de los ejercicios es fundamental.

Con todo, la fuente más importante del Prâna es la atmósfera. Por medio del Prânâyâma regulamos el Prâna en nuestro interior, a través de ciertos ejercicios respiratorios. De esta forma podemos influir en su adquisición del exterior y en su distribución dentro del cuerpo. 

El objetivo es doble: 1º cargarnos de energía vital que nos mejore la salud física, y 2º activar ciertas energías latentes en nuestro interior que nos puedan conectar con otra dimensión más profunda, con otra forma de “ver” la realidad. 

El Prâna dentro del cuerpo se divide a su vez en cinco categorías distintas (vayus, aires), dependiendo de sus funciones principales:

  1. Prâna Vayu, es la función de apropiación de energía y se asocia principalmente con la inspiración. Reside en el tórax. 
  2. Samana Vayu, es la función de asimilación de la energía; se asocia principalmente con los procesos digestivos. Reside en el vientre.
  3. Vyâna Vayu, es la función de distribución de la energía; se asocia con la circulación sanguínea y linfática, así como con el sistema nervioso. Se halla en todo el cuerpo. 
  4. Apâna Vayu, es la función de eliminación de la energía, asociada con la espiración y con todas las funciones excretoras del organismo. Reside en el ano.
  5. Udana Vayu, es la función de expresión de la la energía; se asocia con el habla y reside en la garganta. 

Distribución del Prâna


El funcionamiento equilibrado de Prâna y Apâna condiciona y asegura casi automáticamente el funcionamiento correcto de samana y vyâna. Pero, además, durante el Prânâyâma, se efectúa un esfuerzo especial para invertir la corriente de energía Apâna, por lo general dirigida hacia abajo, para atraerla hacia arriba y llevarla al encuentro de Prâna. Se considera que la unión de Prâna y Apâna proporciona resultados de particular importancia para la experiencia última del Yoga. 

NÂDÎS 

Según el Hatha Yoga, existen incontables canales sutiles o Nâdî en el cuerpo a través de los cuales Prâna puede entrar y salir. Hay muchos Nâdî, pero en el contexto del Prânâyâma solo se consideran los tres más importantes: Idâ, Pingalâ y Sushumnâ, que corren a lo largo de la columna vertebral. 

Sushumnâ corre en linea recta hacia arriba, por el interior de la columna vertebral, mientras que Idâ y Pingalâ cruzan de un lado a otro la columna varias veces (en algunas representaciones, como la de la figura, estas dos Nadî no se cruzan y corren paralelas a ambos lados de Sushumnâ). 

Idâ Nâdî pasa por la fosa nasal izquierda y representa la energía fría de la luna y el aspecto femenino del ser humano; Pingalâ pasa por la derecha y representa la energía caliente del sol y el aspecto masculino. 



Sistema de Nâdî


De forma ideal, Prâna fluye sin obstáculos a lo largo de todos estos canales, pero sólo cuando no están bloqueados por impurezas. Por lo general Prâna no puede alcanzar Suhumnâ y sólo fluye por Idâ y Pingalâ y, en muchos casos, con dificultad. Cuando Prâna y Apana, las energías masculina y femenina circulando por Idâ y Pingalâ, se unen gracias a la práctica del Prânâyâma, entonces Pranâ penetra en Sushumnâ y despierta a Kundalinî. 
El Sushumnâ o nâdî central se reconoce como el camino ideal para Prâna. Si Prâna fluye por este canal, se concentra tanto en el cuerpo que sus efectos se esparcen por todo el organismo de forma ideal. Cómo y dónde fluya Prâna en el organismo tiene una consecuencia directa para nuestro estado mental 

CHAKRAS 

Los Chakras, literalmente “ruedas” o “lotos”, son centros sutiles donde se condensa la energía primordial (Prâna). Aunque hay numerosos Chakras distribuidos por todo el cuerpo, siete son los principales, y se localizan a lo largo de la columna vertebral. 



Siete Chakras principales


  • Sahasrâra Chakra (loto de los mil pétalos), se localiza en la cima de la cabeza. Se trata de un centro psicoenergético de estructura luminosa compuesto de innumerables filamentos que se extienden hasta el infinito. Se corresponde con el nivel último de la realidad por un lado, y con el cerebro por otro. En Sahasrâra reside Shiva (purusha), la conciencia suprema. Cuando Shakti (Prâna o Kundalinî), la energía divina asciende a través de Sushumnâ, atravesando los demás Chakras y se une a Shiva, tiene lugar la iluminación, el samâdhi mas profundo.
  •  Âjñâ Chakra (loto del conocimiento), situado a la altura del entrecejo, detrás del hueso frontal. Funciona como órgano sutil encargado de transmitir y recibir comunicaciones telepáticas. Gracias a su actividad tiene lugar la clarividencia y otras facultades paranormales. Se denomina popularmente “tercer ojo”.
  • Vishuddha Chakra (loto de la pureza), se encuentra en la garganta, concretamente en la faringe y las cuerdas vocales; se conecta con el quinto elemento, el espacio vacío o âkâsha y, por tanto, con el sonido. Este Chakra controla Udana Vayu, especialmente a través de Ujjayi Prânâyâma.
  • Anâhata Chakra (loto del sonido místico), localizado en la zona del corazón y conocido también como hrid padma o hridaya kamala. Se asocia con el elemento aire; se conecta con las emociones y es preciso activarlo lo antes posible para evitar problemas físicos y emocionales que pueden surgir con la activación de los tres Chakras inferiores. Con su activación es posible oír el sonido místico denominado “Nâda”. 
  • Manipûra Chakra (loto de la ciudad de las joyas) o Nâbhi Chakra se localiza en el ombligo. Se asocia con el elemento del fuego y con el proceso digestivo a nivel físico. Se corresponde con el plexo solar. 
  • Svâdhishthâna Chakra (loto establecido en si mismo). Se localiza en los genitales, se asocia con el segundo elemento, el agua, y con el sentido del gusto. Más que ningún otro Chakra, éste se relaciona con el deseo y, especialmente, con el deseo sexual. 
  • Mûlâdhâra Chakra (loto raíz). Se localiza en la base de la columna y es el polo opuesto del loto de los mil pétalos. Si éste último representa la trascendencia, la omnipresencia divina y la liberación, el Mulâdhâra Chakra simboliza la inmanencia, la limitación física y las ataduras. Es la base y el soporte de los otros Chakras porque en él reside la energía divina denominada Kundalinî Shakti. 

KUNDALINΠ

En los Sistemas Tántricos, la energía divina (Shakti) se polariza en dos formas: una potencial o estática (denominada Kundalinî) y otra dinámica (denominada Prâna). Prâna es la responsable de mantener todos los procesos vitales, mientras que Kundalinî es la reserva ilimitada de energía que permanece enrollada en forma potencial en la base de la columna, en el Chakra inferior.


 Los tres Nâdî más importantes:
Idâ, Pingalâ y Sushumnâ


Tradicionalmente, se identifica a Kundalinî con el dinamismo, la fuerza evolutiva de la especie humana, aletargada en cada individuo. Es muy activa hasta la edad adulta, y luego se adormece, se hace latente. Por eso a Kundalinî se la representa en forma de serpiente, que simboliza la fuerza de la especie, situada en el Chakra Muladhara, debajo de los genitales. Esta serpiente se enrolla tres veces y media alrededor del linga, el signo de Shiva, el falo sagrado, encerrado en un triángulo con la punta hacia abajo, que simboliza el sexo femenino. Mas Kundalinî no es la sexualidad, ni el encuentro de los sexos, aunque está ligada a la sexualidad y se expresa a través de ella. El despertar y la activación de esta fuerza es uno de los elementos esenciales del Prânâyâma. 

Mediante la práctica constante, generalmente de años de esfuerzos, mediante el conocimiento y práctica de técnicas muy secretas, aplicadas bajo la vigilancia personal y continua de un guru, Kundalinî despierta y asciende por la columna vertebral, dirigiéndose al encuentro de la fuerza del individuo, del “yo real” (purusha) situado en la cima de la cabeza, en el Chakra Sahasrara. Cuando llega a su encuentro se produce un acontecimiento cósmico: el samâdhi más profundo. En todos los cuerpos yace dormida la misma energía, como un centro estático. 

En casos muy raros y aislados, Kundalinî puede despertar accidentalmente en forma espectacular y trasmutar todo el ser humano. Este despertar puede ser muy peligroso porque no es controlable por quien lo sufre. Muy diferente es su despertar parcial y progresivo, el cual no ofrece peligro para el que aplica las técnicas del Yoga. El que practica Prânâyâma no sólo asegura el control de las energías pránicas que penetran en él, se hace capaz de acumularlas y dirigirlas a voluntad, sino que puede beneficiarse de este dinamismo evolutivo y desarrollar su “creatividad” real. 


Kundalinî es un concepto que está rodeado de mucho misterio y superstición. Una interpretación más racional sobre Kundalinî identifica esta fuerza con la ignorancia esencial (avidyâ) que reside en todo ser humano. Más que una fuerza cósmica a desarrollar, se trataría entonces del principal obstáculo psicológico residente en nuestro interior y que podemos eliminar dirigiendo Prâna a su encuentro. En este caso, es Prâna la energía que penetra en Sushumnâ, la que “quema” la ignorancia, eliminando los obstáculos que impiden su libre circulación a través del Nâdî central. De esta forma, el momento en que se quema Kundalinî es el mismo en que avidyâ deja de existir. Entonces Prâna puede entrar en Sushumnâ y lentamente moverse hacia arriba, hacia el encuentro con purusha, profundizando el samâdhi. En muchos casos, Prâna elimina a Kundalinî poco a poco y aunque puede circular por Sushumnâ, lo hace con dificultad debido a los bloqueos que aún existen. Esto significa que la mente oscila entre estados como dhyâna y samâdhi regresando de nuevo a estados de distracción.

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José Antonio Offroy, Profesor de Yoga.
Autor y administrador de Yogadarshana, Yoga y Meditación

19 agosto, 2017

Iniciación del Kalachakra


La iniciación del Kalachakra se celebra cada cuatro años, aproximadamente, y es presidida por el mismo Dalai Lama.

La Iniciación y su explicación.-

La Iniciación de Kalachakra se da, generalmente, durante 12 días. Primero, son ocho días de rituales de preparación, durante los cuales los monjes hacen el mandala. Luego los estudiantes son iniciados y después de ello se les permite ver el mandala de arena ya finalizado. La ceremonia termina cuando los monjes liberan la energía positiva del mandala en el mundo cotidiano a través de un ritual final.
La palabra tibetana para la iniciación es Wong-Khor, que literalmente significa dar permiso o conceder la autoridad para practicar el Tantra. La persona que confiere la iniciación se conoce como el Maestro Ritual o Maestro Vajra; el Vajra es el instrumento ritual que corta la ilusión y representa la mente indestructible. Dado que el Tantra vive a través de la transmisión directa por el Maestro Vajra, la iniciación cumple la promesa de pasar el Tantra sin disminuirlo de ninguna manera, siempre para el beneficio de todos los seres sintientes.




Los Compromisos del iniciado.-

Durante la iniciación, el estudiante hace una promesa similar de respetar y sostener las enseñanzas. De esta manera el estudiante entra en el linaje y pueden elegir tomar diferentes niveles de compromiso. El que mantiene el compromiso con una práctica cotidiana concienzuda logrará mayores resultados y el linaje será fortalecido. La iniciación puede ser recibida por algunos simplemente como una bendición.

El estudiante, al generarse (a sí mismo) como deidad, se introduce en nuevos patrones mentales que le ayudan a abandonar el viejo y destructivo condicionamiento, acercándolo así a la experiencia de la conciencia de felicidad de Kalachakra.


Explicación del Mandala Kalachakra



La realización del Mandala Kalachakra.-

Uno de los más conocidos Mandalas tibetanos es el Mandala Kālacakra,  término en sánscrito utilizado en el Budismo Tántrico y que gira en torno al concepto del tiempo (kāla) y los ciclos (chakra): desde los ciclos de los planetas hasta los ciclos de la respiración. Su significado se traduce como Rueda del Tiempo, Rueda de la Vida o Ciclo del Tiempo.
Se trata de un Mandala que los lamas confeccionan con arena de colores. Una de sus características es la no permanencia del mismo, se construye normalmente asistido por el Dalai Lama, quién coloca los primeros granos de arena en el centro), y luego los monjes lo siguen construyendo mientras meditan sobre su significado.
El mandala parecería plano, pero puede ser visualizarlo elevándose en tres dimensiones hacia su centro de flor de loto. Para trazar el camino de la iluminación, se entra en la puerta negra del oriente desde el exterior del edificio. Allí usted se encontrará en el primer Nivel del Palacio. Este nivel se llama el Mandala del Cuerpo Iluminado. A mitad de camino dentro del mandala del cuerpo hay otro conjunto de cuatro paredes y una entrada. Cuando usted pasa a través de la entrada, ha alcanzado el Mandala del Discurso Iluminado. A mitad de camino y dentro, hay otro conjunto de paredes y entradas donde usted descubrirá un nivel aún más alto llamado el Mandala de la Mente Iluminada. A mitad de camino dentro del mandala de la mente hay una plataforma cuadrada que representa el Mandala de la Sabiduría Iluminada. Una vez en el mandala de la sabiduría, usted encontrará otra plataforma cuadrada, este es el nivel más alto del Palacio, el gran Mandala de la Bienaventuranza Iluminada. Dentro de ella está el Loto de Ocho Pétalos, en cuyo centro se encuentra la deidad Kalachakra abrazando a su contraparte femenina, Vishvamata, la Madre. Juntos simbolizan la plena iluminación, la unión de la sabiduría y la compasión.


A lo largo del mandala hay muchos otros símbolos identificables. Doce animales, ubicados en el nivel más bajo del Palacio, están asociados con los doce meses del año. Cada animal apoya una flor de loto donde están representadas treinta deidades, que simbolizan los treinta días del mes. Y alrededor de todo el Palacio se encuentran bandas circulares que representan los elementos antiguos: amarillo para la tierra, una banda blanca con ondas representando el agua, rojo salmón para el fuego, gris para el viento y finalmente la banda más externa, representando el espacio y la conciencia.
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Con el Maestro Vajra guiando sus mentes y ojos interiores, los estudiantes son autorizados para entrar en este Palacio Perfecto. Pero para ser iluminados, los estudiantes primero tendrán que trabajar duro para perfeccionar sus técnicas de meditación y su compasión hacia todos los seres vivos.
Aunque la filosofía del Kalachakra está en el nivel más alto del Budismo, cualquiera puede usarlo en cualquier momento. Esta filosofía nos impulsa a alcanzar un espléndido y puro mundo interior, utilizando Kalachakra como modelo mientras que todavía vivimos en la imperfección terrenal. Por ejemplo, el cuerpo puro proviene de una alimentación saludable y no de fumar, beber alcohol o tomar drogas. El habla pura significa no chismear o decir cosas desagradables sobre otros. La mente pura es entrenada lejos de los pensamientos enojados, odiosos y egoístas. Una vez que cada uno de nosotros purificamos nuestro cuerpo, habla y mente, podemos encontrar paz interior. Cuando tenemos paz interior, al fin es posible experimentar el estado de dicha o felicidad perfecta.

Fuentes:
La Rueda del Tiempo, Mandala de Arena. Explicación sobre el Budismo Tibetano, de Barry Bryant, Harper Collins.
Aprendiendo del Dalai Lama, Secretos de la Rueda del Tiempo, de Karen Pandell y Barry Bryant-Dutton.

18 agosto, 2017

Pranayama

Lo mismo que la palabra “Yoga” tiene un amplio significado, así ocurre también con la palabra “prana”. Prana significa aliento, respiración, vida, vitalidad, viento, energía, fuerza; concepto que considera asimismo el alma como opuesta al cuerpo. Esta palabra se usa generalmente en plural para indicar “alientos vitales”. Ayama significa expansión, extensión amplia o restringida, y pranayama implica de éste modo la extensión de la respiración y su control que se ejecuta sobre todas sus bases, o sea, sobre: 1.- Inhalación o inspiración, llamada Puraka (llenado); 2.- Exhalación o espiración, que recibe el nombre de Rechaka (vaciado de los pulmones), y 3.- Retención o conservación del aliento, fase que no es ni la inhalación ni la exhalación, y que se llama Kumbhaka. 

En los textos de Hatha Yoga también se usa el término Kumbhaka en un sentido más, incluyendo las tres fases respiratorias de inhalación, exhalación y retención. Pranayama es, pues, la ciencia de la respiración, el eje alrededor del cual gira la rueda de la vida.

“Al igual que leones, elefantes y tigres deben domesticarse poco a poco y con precauciones, así también el prana debe llevarse bajo control con sumo cuidado y lentamente mediante una gradación dispuesta de acuerdo con la capacidad y las limitaciones físicas de quien lo practica, de lo contrario este será destrozado”, advierte el Hatha Yoga Pradipika (cap. II v.16). 

La vida de un yogui no se mide por el número de días sino por el número de respiraciones, por lo que adopta un tipo de respiración rítmica, lenta y profunda. Este tipo de respiración fortalece el aparato respiratorio, suaviza el sistema nervioso y disminuye las ansias y los afanes y, puesto que deseos y afanes se ven disminuidos, la mente se halla libre y constituye el vehículo adecuado para la concentración. "El verdadero Rechaka (expiración) es el vaciado total de la mente de todas sus ilusiones. En cambio, el verdadero Puraka (inspiración) es la realización del Yo soy Atma (espíritu). Y el verdadero Kumbhaka (retención) es el firme sostenimiento de la mente en esta convicción. Esto es el auténtico pranayama.”, dice Sankaracharya.


Las tres fases del Pranayama:
1- Puraka, 2- Kumbhaka, 3- Rechaka.


Kariba Ekken, un místico del siglo XVII, dijo: “Si queréis alcanzar la calma espiritual, regulad ante todo la respiración. Cuando ésta se halla controlada el corazón encuentra la paz. Pero cuando la respiración es espasmódica, entonces el corazón se hallará trastornado. Por tanto antes de intentar algo regulad la respiración mediante lo cual vuestro temperamento será suavizado y vuestro espíritu se hallará sosegado”. 
La chitta (mente, razón y “ego”) es como un carro uncido a una pareja de potentes caballos. Uno de éstos es prana (aliento), el otro vasana (deseo). El carro se mueve en la dirección del animal más poderoso. Si prevalece el aliento los deseos son dominados, los sentidos moderados bajo freno y la mente calmada. Si prevalece el deseo el aliento se perturba y el espíritu se halla agitado y en pleno desorden. O sea, el yogui, con el dominio de la ciencia de la respiración y mediante su control y regularización, obtiene asimismo el dominio de la mente de la que calma el constante movimiento. Durante el ejercicio del pranayama los ojos se mantienen cerrados a fin de evitar todo extravío de la mente. “Cuando mutuamente se han absorbido prana y manas (mente) sobreviene un indefinible gozo”. (Hatha Yoga Pradipika, cap. IV, v.30). 

La excitación emocional afecta el equilibrio respiratorio; igualmente, la deliberada regulación de los movimientos respiratorios modera la excitación emocional. Dado que el verdadero objeto del Yoga es el control y sosiego de la mente, el yogui aprende en primer lugar el pranayama para poder señorear su respiración. Ello le facilitará el dominio de los sentidos y le hará alcanzar la fase de pratyahara. 
Sólo entonces sus mente estará bien dispuesta para la concentración (dhyana). 

Del libro La Luz Del Yoga. 
-B. K. S. Iyengar-